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FIC Monterrey 18: Había una vez un cangrejito barranqueño – “lo existente, lo oculto, lo curioso”

Escrito el 1 septiembre, 2022 @sebs_lopezf

Son muchos los cineastas que aprendieron su arte de manera autodidacta y que han forjado relaciones de trabajo con el paso de los años. En un rodaje, una función, una cafetería o una librería han encontrado a su equipo. No obstante, también son varios los realizadores que hallaron una familia en las aulas de una institución. De hecho, hay una línea popular que ilustra esto: “En la escuela de cine vas a conocer al equipo de trabajo que te acompañará en tu carrera cinematográfica”.

Cada encuentro tiene un misterio, un lugar que se encripta en nuestras recreaciones. Eso es lo que llamamos memoria. Cada vínculo tiene su aura fantasmal, que es fantasía. De ahí nace una amistad. Saltamos a un lugar inexplorado y no sabemos si durará o nos dará aquello que anhelamos.

Comprobé una amistad como espectador en un equipo de filmación. Se trata de cineastas jóvenes mexicanos que emergen de un cine intimista, donde prevalecen sus preocupaciones y sus intereses. Un cine que expone realidades de su localidad. Estos jóvenes tienen olfato periodístico, empatía, corazón. Son dichos elementos los que hacen de la juventud algo único y que demuestran la vitalidad de apoyar estas historias, estas familias que se crean dentro y fuera de una escuela de cine.

Había una vez un cangrejito barranqueño (2022) es un documental que exalta una situación alarmante para el ecosistema de nuestro país: el cangrejito barranqueño es un animal que está en peligro de extinción y que aporta grandes beneficios al medio ambiente; y este proyecto redescubre su existencia y vitalidad.

Su reciente participación en el Festival Internacional de Cine de Monterrey, y consecuente victoria en la Categoría Estudiantil (apartado de jurado), me permitió acercarme a su director, Sebastián López García; su directora de fotografía, Julieta Loreto; su productora, Michelle Hernández, y su diseñador sonoro, Yael García, para hablar acerca de generar conciencia en nuestra sociedad.

Aquí nuestra conversación.

Independientemente de la realidad que presentan en el documental, la cual es necesaria, hay un factor que lo hace cercano con el espectador, y es la pasión que transmiten. Para ello se necesita un equipo de trabajo con sangre de hermandad. ¿En qué momento se conocieron?

Julieta: Nos conocimos grabando. Tenemos una historia. Una presencia que nos conecta. Conocí a Sebas hace 16-17 años. Conectamos con un taller de cine, un precinema. De ahí nos apropiamos muchísimo para crear cosas, de compartir el cine, de compartir otros elementos que tenemos en común. [Risas] por ejemplo, a Yael y a Mich los conocí a profundidad en este documental.

Sebastián: Sí, a Ju la conozco de ahí; a Mich la conozco desde la prepa y a partir del último año decidimos estudiar cine, nos metimos a un workshop de dirección en una escuela de Cuernavaca, donde ambos conocimos al buen Yael. Siempre ha sido una convivencia amena.

De ahí en fuera, proyecto tras proyecto se va reforzando la amistad. Así ha sido esto. Con Yael trabajé en nuestra primera película, él estuvo en el apartado sonoro. ¿Sabes? Como que cada uno empezó adoptar su rama: Ju que es fotógrafa, Mich que tiene como muy arraigadas esas sensaciones de sensibilidad hacia los problemas ambientales —es muy buena produciendo— y Yael que es muy perceptivo con lo auditivo.

Una familia que crearon a partir del séptimo arte. Me permito acotar que hay varias temáticas que cubrir en su región; no obstante, ¿por qué consideran que el redescubrimiento del cangrejito barranqueño sea vital?

Sebastián: [Risas] pues mira, lo que te comentaba, con Mich —creo que fue en 2019— tomamos un laboratorio de cine en el CCC con Gerardo Tagle y teníamos que armar una carpeta para presentarlo en un corto. También alguna vez estuvimos en una práctica con un documentalista de Enseñar Planeta, que es un festival de cine y medio ambiente en Morelos. Con Mich nos movían estos temas y nos preocupaban. Nos ocupamos en ello. Entonces esta historia nació ahí: de hablar de las barrancas y del clima. Decíamos: “me choca”, porque mencionan      que Cuernavaca es como la primavera, pero desde que nací aquí me di cuenta de que de primavera no hay nada: hace un calor horrible, no hay árboles, las barrancas están contaminadas, hasta la primavera no siento que esté esta de la que hablan.

Ciertamente como un documental exponemos el valor ecológico que hay detrás de las barrancas, que adoptan un clima en la ciudad por cosas meramente físicas. ¿Me entiendes? Como naturales: el clima, el aire, la regulación del aire, etcétera. Tengo esa espinita de hablar de eso.

Como cineasta es ser curioso: preguntar cosas y examinar. Cuando enseñé a prensa el proyecto descubrí con éxito que la historia de Había una vez un cangrejito barranqueño pasa con los años. Dije: “quiero hablar de las barrancas”. Intenté dialogar de algo muy particular, que fue el cangrejito, una excusa muy buena para conversar de todo esto que engloba. No es el sol de las plantas, es un tema que está alrededor de nosotros. No es el agua, la contaminación, la profesión de la zona federal y cómo están viendo esto, sino que es un tema muy bonito.

Siempre veo el cangrejito como archivo. El ajolote hoy en día está muy posicionado a nivel mundial en cuanto a importancia, y hay programas de cuidado hacia él, que es una especie endémica de Xochimilco. Hay que darle la misma importancia al cangrejito. Por eso hicimos el documental: para salvar una especie y salvar a la sociedad en el sentido de que hay que hacer programas que beneficien las barrancas, para poder dialogar esa exposición, salvar a todas las demás y volver a un estilo de vida más ambiental, sustentable y amigable con el ambiente.

Michelle: Estamos muy interesados, siempre, en los temas de cuidado del medio ambiente. Esto es algo que nos afecta mucho como cuernavacenses desde hace mucho tiempo y ver las barrancas contaminadas nunca me ha parecido normal.

El documental se confunde con el gran reportaje; sin embargo, ustedes mezclan ambos universos. Por un lado, está el apartado de la investigación, pero, por el otro, el apartado estético. ¿Por qué decidieron optar por este género?

Sebastián: Venimos de la ficción. Cuando empiezas a estudiar y hacer cine creces con la ficción, no te avientas de lleno a hacer un documental. Había un señor muy viejito, Bill Nichols, que decía que había cinco formas de ver el documental. En el cine debemos saber a quién nos vamos a dirigir. Dentro de estas cinco ramas hay una que se llama moderada expositiva, en el sentido de que es exponer o decir tal cual las cosas con este medio de divulgación y poner el plato en la mesa.

Tenía muy claro que este documental lo tiene que ver un niño y lo tiene que entender, tiene que comprender que hay un problema muy grave que está sucediendo y que nos concierne absolutamente a todos. Iba muy de la mano del saber a quién va dirigido, pero sin perder este punto estético y buscar emociones a través de esta secuencia. Juego con el lenguaje, con referencias visuales, hablando de las emociones y no solamente algo informativo. Con esta generación de ideas, a través de la teoría del cine, de montaje, de poner imágenes con lo que se dice, con lo que vemos, etcétera. Yo sabía que Ju era la indicada para hacer la foto: tiene una visión muy particular.

Julieta: Hablamos de montaje, de la parte sonora, de este diálogo y esta narración que surgen en el documental. Desde la parte fotográfica la imagen está ahí, muchas imágenes son fijas, pero otras en movimiento. Es tener un espacio y poder darnos cuenta de estos detalles que existen. También de la profundidad de lo que estamos viviendo, es lo real, lo existente de la problemática. Hacemos un complemento. Un match poético. Que justo es apreciar esos espacios que están ahí, incluso abandonados, pero que dentro de ellos tienen algo más que decirnos, que en este caso son las barrancas. Justo cuando vamos encontrando al cangrejito, apostamos mucho por su historia, por su nostalgia, por esta exploración hacia lo que se está construyendo visual, narrativa y sonoramente.

Con lo que dice Julieta, en el documental vemos a diferentes activistas y expertos del medio ambiente que hablan sobre la importancia del cangrejito barranqueño. ¿Cuál es su visión de este animal?

Sebastián: Comparto mi idea con el equipo. Siempre he visto al cangrejito como un rayo de esperanza, un grito de la naturaleza. Como si dijera “estoy aquí, existo”. Lleva mucho tiempo con nosotros, no ha desaparecido porque sigue luchando, a pesar de la negligencia de los humanos.

Julieta: Yo no conocía al cangrejito, como muchos tampoco lo conocen. Es, para mí, esta fuente de exploración y cuidado. Un animal curioso. Mi definición es algo así: lo existente, lo oculto, lo curioso. Genera este pequeño mundo y espacio en el que nos preguntamos qué sucede con el medio ambiente.

En el país hay una horda de violencia brutal. También hay otros espacios donde el ciudadano debe prestar atención, como el tema de su documental. ¿Cómo acercan a las nuevas y viejas generaciones a crear conciencia sobre temas relacionados con el ambiente?

Michelle: El tema del medio ambiente, en general, es algo que nos concierne a todos: a viejos, a niños, a quien sea. Sí hay muchos problemas sociales que se tienen que atender, no es restarles importancia, pero el cuidado del ambiente es de lo más importante porque si no tenemos un lugar donde estar, ¿de qué sirve que nos tratemos de poner de acuerdo en todo lo demás?

La mejor manera de apelar a que las personas les importe esto es, primero, no criticar y decirles: “estás mal”, porque a la gente no le gusta que le digan que está haciendo las cosas mal, sino acercarles la información para saber qué está pasando y mostrarles alternativas de lo que pueden hacer al respecto. Y cosas chiquitas porque a la gente le cuesta trabajo ver lo grande, ¿no? Cuando les dices: “no usando la bolsa te va a ayudar”, y dicen: “¡ah!, es una tontería”, pero muchas personas lo hacen. De repente dejaron de usar una bolsa de plástico o latas de café. Es de poquito a poquito. Con las personas mayores luego es complicado. Mi papá dice: “a mí desde los 70 me dicen que todo está mal y yo lo veo igual”. Es complicado con la gente grande. A través de los jóvenes es que podemos empezar a convencer a las generaciones más grandes.

Sebastián: Sí, bien dice Mich: el primer paso es informar y conocer. Hay biólogos que sabrán qué hacer y cómo hacerlo, pero nuestra chamba, desde nuestra cancha, es informar y exponer. A partir de ahí se genera la conversación.

¿Por qué consideran que el documental tiene la fuerza para denunciar y exponer estos temas?

Sebastián: Justo como medio, desde la realización y desde la concepción de esta idea, lo que intento hacer siempre es, primero, generar un grado de reflexión, como dice el documental, la intención de capturar la empatía. Todas las historias se mueven a través de la empatía.

La empatía, en el sentido de la identidad, es mi ciudad. Nací aquí, es muy bonita. Tenemos cierto cariño a la ciudad. Generas empatía, generas consciencia.

Muchos cineastas que han realizado documentales optan por no realizar un guion debido a que consideran que el documental tiene que ser lo más natural posible. En ese sentido, ¿el cangrejito barranqueño tuvo un guion?

Sebastián: Un guion como tal de texto pues nunca hay en un documental, sino una escaleta y una idea del grupo, pero como siempre, estamos súper perceptivos en el momento en el que estamos filmando. Como dije al principio: se enseña a ser curioso con las cosas, entonces yo, con una escaleta, puedo darle forma a mi idea y cómo puedo construirla. La historia se reescribe tres veces: cuando la escribes por primera vez; cuando grabas, grabas otra cosa diferente; y cuando editas, se edita otra cosa. Es un proceso muy bonito y justo.

Michelle: Nuestro profesor de documental nos estaba comentando que nosotros podemos crear la historia más increíble en la cabeza, hacer un guion y tener toda la investigación, pero puede caer y cuando se edita es una cosa completamente de ficción. Casi siempre en la edición se termina escribiendo todo de los documentales, puedes hacer cinco documentales con el mismo material.

Julieta: Es construir y deconstruir al mismo tiempo. En ese camino vas encontrando otras cosas que son muy simbólicas y tienen un valor muy lindo que se van apropiando del propio documental, también eso es algo bello.

¿Qué temáticas les interesan como cineastas?

Yael: Bueno, yo no puedo decir que estoy completamente metido en el tema del medio ambiente; de hecho, estoy dentro gracias a estas tres personas. Ellos fueron como los que me involucraron, los que me dijeron: “jálate a este docu”. Sin embargo, hablando un poquito y retomando lo que estaban diciendo acerca de la reescritura del proyecto en la postproducción, pues no quería resaltar más allá de la personalidad, deseaba darle la originalidad al corto a través del sonido y reforzar las imágenes que había tomado y darles toda una autenticidad a los espacios que habían retratado, a los personajes. Eso serían las inquietudes: que cada parte del docu, de cada proyecto, tenga su propia esencia.

Julieta: Vamos encontrando esa esencia en cada instante, en cada habla del montar, o sea, en esta cuestión del montaje cinematográfico. No sé qué es lo que más nos gusta: si ficción o documental.

En la ficción puedes plantearte muchas ideas y muchas perspectivas que son muy enriquecedoras. Desde la parte fotográfica y visual siempre es diferente y tiene un valor, un simbolismo muy peculiar y particular en cada una. Cuando he creado documentales me gusta mucho que todo sea libre, que de verdad pueda contar visualmente sin algo marcado, sin decir: “quiero que te veas así porque necesito”. Eso es algo muy lindo que con el cangrejito barranqueño exploramos en que las cosas son como son hoy, que también existe esta libertad visual de decir: “aquí se ve así, está la basura así, está esta parte toda deshecha, está también esta parte de plástico contaminando. Vamos encontrando estas formas visuales bien lindas que se van juntando en el montaje. Cuando preguntas qué es lo que más me gusta, creo que le agarré un cariño muy lindo al docu-ficción, me gusta mucho, porque creas y compones visual y creativamente como en el docu, pero tienes más libertad.

Es algo muy bonito apropiarse de los personajes en estas historias que a veces no es muy fácil que conecten contigo, incluso con la misma audiencia, el público que vaya a visualizar. Esto es el documental: es algo muy íntimo, y esa intimidad, cuando la exploras, si lo vuelves a ver y lo vuelves a construir y deconstruir y estás ahí, se vuelve algo muy simbólico. Eso lo aprecio mucho, esa parte que está abrazada o está abrazándote y que está permitiendo entrar. No hace lo que quieres, pero crea y narra.

La intimidad y ternura es revolucionaria. Más allá, necesitamos apoyar a las nuevas generaciones, las nuevas narrativas. Como cineastas emergentes, ¿qué significa que este documental haya sido seleccionado en el FICMonterrey?

Julieta: Guau, qué pregunta, Sebs [risa nerviosa].

Yael: Para mí lo que representa es que justo el cangrejito barranqueño y estos problemas ambientales que tiene la ciudad de Cuernavaca, en general el país y el mundo, tienen esta difusión que quizás de otra forma sería más difícil proyectarnos. Entonces eso está padre, que estos problemas y estas temáticas tengan ese espacio de difusión.

Julieta: Es algo muy lindo esta parte de poder compartirlo. Nosotros estamos compartiendo una historia que creamos hace un año aproximadamente. Nosotros compartimos este espacio de trabajo y este momento con Sebas, con Mich, con Yael y ahora estamos difundiendo lo que creamos con otras personas y que incluso, por ejemplo, recientemente que fuimos a volantear un poco, pudimos conectar y fue muy lindo. Es darnos cuenta de que también esta historia está teniendo un impacto positivo, de recuerdo y de conectar con lo que está. Para mí el FICMonterrey es compartir. Lo hacemos de corazón, algo muy sincero.

Michelle: A grandes rasgos, lo más bonito ha sido que sí ha tenido un impacto. En los comentarios puedes leer que las opiniones de las personas son genuinas, son respecto a lo que está en el documental. Hace poco fuimos a jugar a un centro y una chica nos dijo: “yo también soy cineasta; hay que contar su historia; yo no conocía al cangrejito”. Eso es muy bonito: poder conectar y que al final del día el documental termine en la mirada de otras personas.

Sebastián: Estoy realmente satisfecho. Una alegría del corazón. No importa de donde sean los problemas, al final son universales y hay que tomar acción. Me da mucho gusto que podamos tener esta libertad de expresión.

 

Esta entrevista fue editada y condensada para dar claridad.

 

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