Palomita de maíz

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Felipe Gálvez platica sobre Los colonos: “A los países colonizados, nos falta vernos más como países colonizadores”

Escrito el 24 enero, 2024 @cinematictalk

Los colonos fue una de las películas latinoamericanas más aplaudidas de 2023 a partir de su estreno en la pasada edición del Festival de Cannes. La ópera prima del director chileno Felipe Gálvez retrata una historia jamás contada en el cine: la aniquilación del pueblo indígena Ona a manos de colonizadores chilenos y británicos que solo buscaban arrebatarles sus tierras ancestrales.

La película está actualmente en cines estadounidenses, y comenzará su llegada a cines de países latinoamericanos este 25 de enero. Posteriormente, la podremos disfrutar en la plataforma de MUBI. Palomita de maíz tuvo oportunidad de platicar con Gálvez sobre el filme, la historia vergonzosa de Chile, el tema universal que toca y qué es lo que podemos esperar de él en el futuro.

Los colonos. Dir. Felipe Gálvez. MUBI. 2023.

Felipe, felicitaciones por la película. Lo primero que quiero saber es: ¿cómo te inspiraste para abordar el tema del exterminio indígena en Tierra del Fuego?

Llegué por unas noticias que leí hace muchos años sobre este genocidio. Llegué mirando las fotos de Julius Popper (NOTA: “explorador rumano” asentado en Tierra del Fuego, uno de los principales responsables del genocidio de los onas o Selknam) y me empezó a atraer el tema y empecé a investigar, pero también siempre desde la idea de hacer una película.

Yo lo que investigo es lo que tiene que ver con mi película. No hago una investigación general de Tierra del Fuego o soy un especialista sobre la temática, sino más bien voy viendo qué es lo que quiero contar, y lo que quiero contar tiene que ver con este genocidio, pero también tiene mucho más que ver con cómo se ocultan estas historias, cómo se borran, cómo se construyen las naciones, cómo se escriben las historias oficiales, cómo se reescriben las historias. Entonces, cuando investigo, lo hago pensando en cómo se va a narrar la película.

Entonces, primero fui haciendo un guion, porque ese es mi mecanismo de trabajo, escribir primero el guion, donde hay una capa que se basa en hechos reales y donde hay una capa que se basa 100% en la ficción. Hay un libro que encontré que me gustó mucho, “Vejámenes de Tierra del Fuego”, que es la investigación del Juez Waldo Seguel que se hizo a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, y que fue encontrada en los tribunales de Punta Arena hace unos 45 años. Esa investigación quedó guardada en un cajón y se hizo pública. Está en memoria chilena.

En el fondo, cuando tú decías hacer esta película, ¿siempre pensaste en ella como un western?

FG: Sí, o sea, está basado en un western. Como que, si uno quiere hacer una historia de una matanza, de un genocidio indígena, a mí me pareció coherente ocupar el western, porque es el género del cine que mejor puede retratar esto. Cuando yo quiero hacer esta película y empiezo a investigar, me digo, bueno, es un western. Uno empieza a ver Tierra del Fuego, La Pampa, estos grandes territorios desolados, estos grandes paisajes, uno mira las fotos históricas, y se va encontrando que es un western.

Entonces, la decisión más bien fue infiltrarme en el género. Ocupo sus reglas, sus códigos, pero también lo cuestiono porque de alguna manera el western, del cual no soy fanático ni especialista tampoco, pero uno se va dando cuenta que ese género, de alguna manera, había funcionado como un cine de propaganda. Empecé a jugar con los géneros, ¿entiendes? A jugar con los códigos del género para que aparente ser un western, pero hay un momento en que deja de serlo. No es un western revisionista, es uno que cuestiona al mismo género porque es una película que también cuestiona al cine y a su rol en los procesos de colonización del siglo XX.

La violencia y la brutalidad están bien representadas en la pantalla. O sea, lo que vemos, lo que es esto, en ningún momento justifica la historia. ¿Qué desafío enfrentas en este caso? Cuando quieres representar esta violencia que en el fondo termina aniquilando a todo un pueblo, pensando que estamos viviendo momentos en el cine donde se cuestiona mucho la violencia en pantalla.

No entiendo ese cuestionamiento, o tal vez no me interesa el cuestionamiento. ¿Se entiende? Yo estoy tratando de hacer un cine que cuestiona la idea de borrar la historia, que cuestiona la idea de cómo se escribe la historia oficial. Entonces, si alguien le molesta mostrar cómo fue la violencia, o no mostrar la violencia, para mí más contribuye a la idea de borrar lo hecho. O sea, me parece negacionista. No lo entiendo. Me declaro antagonista de ese discurso.

Prácticamente creo que si uno va a hacer una película de un genocidio en un país que es sumamente negacionista, en un país que le encanta el eufemismo, habría sido quizás súper bueno obviar la violencia. A mí personalmente no me gusta ni el cine gore ni me apasiona ver la sangre, pero me parecía una responsabilidad ética si uno va a hacer una película sobre la colonización, mínimamente mostrar lo que sucedió, y lo que sucedió era la mutilación de partes de cuerpo, eran violaciones, eran ventas, remates, envíos a zoológico humano.

La verdad, la película creo que es muy efectiva a la hora de seleccionar tres, cuatro escenas violentas que quedan en la mente del espectador. Nunca quise hacer una película que no fuera mirable, pero creo que ese discurso es un poco negacionista. Lo que yo podría decir es que las comunidades [con las ] que hablé y que vieron la película estaban contentas de que se hubieran mostrado los crímenes y que no se hubiera protegido.

Felipe Gálvez en el Festival de Cannes 2023.

¿Por qué crees que en Chile se busca muchas veces enterrar este tipo de historias? Recién en los últimos años se puede hablar más abiertamente de lo que pasó en la dictadura y tampoco gusta que se hable mucho de los genocidios indígenas. ¿Por qué sientes que quiere enterrar estas historias?

Los países son como las familias a veces y cuando sucede algo complicado en una familia a veces no se quiere hablar del tema. No creo tampoco que sea solo una particularidad de Chile, creo que eso es algo universal. Como cuando hay algo que avergüenza, alguien cometió algo, en la familia también se tiende a esconder. En ese sentido, me parece un acto normal. Siento que es un reflejo.

A mí lo que me llama la atención en Chile, más bien, es la capacidad que tiene de cambiar las percepciones de las cosas. Por ejemplo, tú me dices dictadura militar, pero uno ve que en muchos chilenos hablan de “pronunciamiento” o “gobierno militar”. O sea, como que van pasando los años y se comienza a distorsionar y se empiezan a ocupar palabras, se empiezan a cambiar las palabras y se va viendo hasta dónde se cede en esas palabras. Lo que quiero decir es que es normal que los países a veces nieguen ciertos hechos de su historia, pero cuando se hacen evidentes, creo que hay que asumirlo, y lo complicado es justamente no cambiar las palabras.

También lo que para mí es coherente es tratar de mostrar algunos hechos como fueron. Entonces, el cambiar la palabra y llamarle gobierno militar o pronunciamiento militar… A mí, por lo menos, no me gusta, como tampoco me gusta ese grupo de gente que puede pensar que no habría que mostrar la violencia. Yo creo que las cosas tienen que ocupar los nombres correctos, ya sea dictadura militar o genocidio. Lo demás es tratar de edulcorar la historia, como esta gente que le cambia las palabras. Yo no puedo contribuir a ese tipo de estrategias.

En Chile muchos hablan de la colonización del sur, no se habla de genocidio en el sur. Por eso es bueno que se normalice el leguaje correcto.

Yo que tengo 40 años, en el colegio no se hablaba de la colonización de Chile; se hablaba de la “Pacificación de la Araucanía”. A partir de ahí, la idea de ocupar eufemismo, o sea, en vez de hablar de un proceso de colonización, se habla de la pacificación cuando eso fue lo que menos hubo. Más bien creo que nos hacen estudiar la historia desde el momento de la conquista y luego pasamos a la independencia.

La mejor forma de entender Los Colonos, y creo que cuando yo la muestro en distintos países del mundo, está el espectador que proviene de países que fueron colonizadores y la entienden desde el lugar de esos países; después hay países que se sienten que han sido colonizados, y creo que los países sudamericanos se sienten países colonizados, no países colonizadores, y la realidad es que existe esa ambigüedad de haber sido países que fueron colonizados y después fueron colonizadores. Siento que nos falta entendernos más como colonizadores. No nos queremos ver como colonizadores y nos sentimos más cómodos en este papel de víctima de los países que fueron colonizados. Nos hace falta vernos más como países colonizadores.

En Chile se perpetúa ese discurso en el colegio. No recuerdo que a mi generación nos dijeran que fuimos colonos en Chile, que el Estado chileno colonizó Chile. Eso no es parte de la historia oficial, pero sí es parte de la historia oficial en Argentina, la llamada “la campaña del desierto” se enseña; es parte del lenguaje. En cambio, en Chile no y se le sigue diciendo “la pacificación de la Araucanía”.

Alfredo Castro es probablemente el actor chileno más destacado de los últimos años. ¿Cómo fue trabajar con él y qué aportó a su papel como latifundista?

Alfredo debe ser nuestro actor más importante de cine y de teatro. No es solo un actor, es una figura relevante en la cultura en Chile, así que obviamente me interesaba mucho trabajar con él. Cuando empecé a escribir esta película, siempre tuve su imagen, no sabía muy bien en qué personaje, pero siempre estuvo en mi cabeza trabajar con él. Creo que Alfredo tiene la lucidez de entender que los personajes tienen que tener matices, que no son ni buenos ni malos, y esta idea de retratar a un Menéndez de una manera imparcial, sin que sea el villano de la película. Yo espero que ojalá la gente se identifique con él. Eso es lo que me gustaría que pasara, que la gente que es similar a José Menéndez o que piensa como él se logre identificar en él.

La hija de Menéndez hace un monólogo que me gusta mucho. Me parecería genial que gente se identifique con ese discurso y diga “eso es, eso es lo que yo pienso”. Siento que Los colonos es una película que tiene muchos puntos de vista y la idea era retratar todos esos puntos de vista de una manera donde distintas personas puedan sentirse identificadas con esos discursos. Menéndez representa a una clase social, la del empresariado chileno, y me parece que hay mucha gente que va a defender también lo que pasó como parte de la historia del país, que no les va a causar vergüenza esto. Me parece que eso es interesante, justamente trabajarlo desde un lugar, desde el presente, que estos personajes como Menéndez no es que hayan desaparecido.

Los colonos. Dir. Felipe Gálvez. MUBI. 2023.

Tu película fue muy exitosa: ganó el FIPRESCI en Cannes, fue la seleccionada de Chile para los Óscars y fuiste a muchos festivales de distintas partes del mundo. ¿Cómo fue la recepción en ellos? ¿Se sentían curiosos por lo que había pasado en Chile?

La gente dice “esto pasó en Chile” y eso a mí me parece un cinismo total porque ocurrió en todo el mundo. Ha sucedido casi en prácticamente todo el continente americano, con la gracia de que cuento mi historia en el extremo sur. Si uno revisa el continente americano está lleno de estas páginas borradas, de estos genocidios. Hay gente que me dice que no sabía que había pasado esto en Chile, y claro que fue así, y se ocultó, pero también pasó en muchos otros países.

Esta película es una coproducción entre nueve países e hice el sonido de la película en Taiwán. Cuando se la mostré a mi diseñador de sonido, que no hablaba ni inglés ni español, y que nos comunicábamos prácticamente con señas porque él solo hablaba chino, me dijo “es igual la historia de Taiwán”. Entonces, creo que la película tiene algo que es súper universal, que trata el tema de la colonización.

En ese sentido ha conectado bien con el público porque se entiende que se parece a varias historias de sus países, en las cuales ellos han sido o colonizadores o colonizados. La recepción no ha sido buena solamente en festivales, ha sido buena en donde hemos estrenado porque la película se estrenó en España, Francia y llegará a cines en 24 países. No es solamente una película de festivales porque igual funciona en salas comerciales y en salidas de cine. Habla de que es una película que logra conectar con el público o que los distribuidores consideran que conecta con el público.

En Francia, hoy día llegamos a los 60 mil espectadores, que la transforman en la película latinoamericana más vista de 2023. Entonces yo creo que es una película que conecta con el público de una manera rara porque le exige al espectador, le hace una pregunta, le deja dudas.

A mí me gusta mucho una crítica que siempre me hicieron, que dice que es una película con mensajes y sin mensajes. A mí me intimida bastante eso porque al final de cuentas lo que yo hago es una pregunta incómoda y es el espectador el que tiene que ver cómo se siente con la película o qué piensa. Lo que deja es más una pregunta que una consigna.

En virtud de que ya se nos acaba el tiempo, quiero realizar una última pregunta. ¿Estás trabajando en algo nuevo? ¿Cuál es el siguiente paso para Felipe Gálvez?

El cine actual está lleno de géneros de propagandas y está lleno de géneros con los cuales infiltrarse. Hay un montón de otras páginas borradas de la historia de Chile, entonces ahora me gustaría irme a otra página que está tachada o que se borraron la mitad de la página. Me interesa mucho y vamos a empezar a trabajar ahora en la nueva película sobre el juicio a Pinochet en Londres. Va a suceder en Londres, pero desde el punto de vista de la defensa. Eso es lo que a mí me interesa. Me interesa siempre estar desde el otro punto de vista. Me interesa ver las fuerzas que operaron y cuáles son las fuerzas que operan para ponerlo en libertad.

 

Esta entrevista fue editada y condensada para dar claridad.

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