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Falcon Lake (TFF 2022): una historia de amor y fantasmas

Escrito el 1 diciembre, 2022 @alessandra_kr

Sección: Concorso lungometraggi.

Dirección: Charlotte Le Bon.

Guion: Charlotte Le Bon, François Choquet. Basado en la novela gráfica “Une sœur” de Bastien Vives.

Elenco: Joseph Engel, Sara Montpetit.

Palomómetro:

Países: Canadá, Francia.

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt11448830/

Falcon Lake. Dir. Charlotte Le Bon. 2022.

Puede que Falcon Lake toque una historia que hemos visto en incontables ocasiones; no obstante, lo maravilloso de la ópera prima de la actriz francesa-canadiense Charlotte Le Bon es la manera en que lo hace. La astucia con la que entreteje su mensaje y el golpe en el estómago con el que deja una vez que los créditos comienzan a rolar la vuelven una cinta coming-of-age memorable y que se distingue inmediatamente del montón.

Falcon Lake cuenta la historia del jovencito de 13 años – a punto de cumplir 14 – Bastian (Joseph Engel). Niño de familia, solitario, paciente con su hermano menor y ensimismado en su mundo, no sabe qué hacer cuando conoce a Chloé (Sara Montpetit), la hija de la mejor amiga de su mamá, y su anfitriona por el verano cuando él y su familia visitan su casa junto al lago que da nombre a la película. Chloé, altanera, misteriosa y berrinchuda, es una adolescente precoz que tiene poca paciencia para entretener a visitas no bienvenidas y que más bien quiere pasar su tiempo con jóvenes más grandes que ella, iniciándose en los juegos para los que sin duda no está lista.

Aunque la relación entre ambos inicia con el pie izquierdo, pronto evoluciona a una de amistad genuina, en la que la línea entre amor platónico y real poco a poco se difumina para dar pie a experiencias de vida que los marca y que junta de maneras íntimas e intensas. Bastian pierde su inocencia gracias a Chloé y Chloé la recupera gracias a Bastian.

Una de las características peculiares de la joven es su obsesión con los fantasmas y su autoconvencimiento de que un niño murió en la parte profunda del lago, por lo que ahora se aparece por los bosques que lo rodean, pues no estaba listo para partir. Chloé continuamente platica del asunto, explora las aguas sola en medio de la noche e incita a Bastian a que se disfrace de fantasma y pose para fotos inquietantes y artísticas. Su obsesión con la muerte y su necedad de tener un vínculo con el más allá nunca es cuestionado por Bastian; al revés, es el único que le cree y que hasta anima estas ideas.

Gracias a este componente importante de la historia, la película maneja un aire perturbador y escalofriante. Le Bon incita un ambiente amenazante y evocador, como si efectivamente el bosque contuviera almas en pena y en cualquier segundo se pudieran aparecer ante los protagonistas y la audiencia. El hecho de que esto nunca suceda no es incentivo para recuperar la calma. Le Bon disfruta la incertidumbre y el miedo, y lo transforma en la expectativa de la relación naciente entre Bastian y Chloé.

El guion, coescrito por la directora y François Choquet y basado en la novela gráfica “Une sœur”, retoma un estilo juvenil, marcado por el desasosiego de crecer, la emoción de encontrar a alguien especial en esa edad tan confusa y el miedo de perderlo de vista aunque sea por un segundo. Los dramas juveniles sin sentido tampoco se hacen esperar, ofreciendo una historia con la que es fácil identificarse o, por lo menos, sentir cierta complicidad y nostalgia. Aunque sabemos que apenas están descubriendo la vida, el lazo que crean Bastian y Chloé es tan fuerte y tangible que deseamos que dure por siempre. Hay algo en la manera en que se desarrolla la película, quizá su estilo, su final trágico o sus diálogos pícaros, que se puede sentir el material original en su esencia, tal y como sucede con la serie adolescente Hearstopper.

En el mundo de la película, los adolescentes dominan y los adultos están prácticamente olvidados. Sería difícil ubicar la cara de alguno de los padres de los adolescentes, ya que simplemente la historia no está interesada en ellos. Más bien, los jóvenes Joseph Engel y Sara Montpetit dominan y cautivan la cámara.

Él, con una existencia elongada e incómoda recuerda al Timothée Chalamet que se volvería famoso en Call Me By Your Name (Luca Guadagnino, 2017), aunque quizá más inocente, tímido y autoconsciente. Montpetit, por el contrario, cautiva con su comodidad ante la cámara y su arrogancia juvenil. Estas dos características vuelven a Chloé en un blanco fácil de los jóvenes más grandes que entran en contacto con ella. Aun así, ella es lo suficientemente lista como para prenderse del niño que apenas está descubriendo la vida y que la mira como si fuera lo mejor que ha aparecido en este planeta.

Filmada en un ratio de aspecto de 1.37:1 – conocido como el formato académico – y en colores saturados y fríos, Le Bon conduce la película con astucia, confianza y control. El guion, hilarante en sus diálogos y conmovedor en sus acciones, planta una semilla discreta para alimentarla cuidadosamente. Al final, germina en una conclusión atrevida, bien pensada y emocionalmente devastadora. Estamos ante una historia que junta el primer amor con aires intranquilos de lo sobrenatural.

Falcon Lake es una ópera prima segura de sí misma, incluso confiada. Con una pareja al centro que expresa acertadamente la furia, la expectativa y el temor de la primera conexión genuina, así como un contexto marcado por la incertidumbre y la inquietud del más allá hacen que este debut tenga más que justificada la convicción con la que recorre cada uno de sus breves minutos.

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