Fahrenheit 451: del papel a la pantalla

Escrito el 18 agosto, 2021 @riza_hkbg
Oskar Werner en Fahrenheit 451. 1966.

En el año de 1953 se publicó la novela distópica del escritor estadounidense Ray Bradbury, Fahrenheit 451, un título que hace alusión a la temperatura a la que el papel arde, considerada por la crítica como uno de los mejores trabajos del autor.

La historia se ubica en un Estados Unidos futurista en el que los libros están prohibidos y el departamento de bomberos tiene como misión principal quemar todos los ejemplares que se niegan a desaparecer. El protagonista de esta historia es un bombero llamado Montag, un hombre que pone en duda su tarea de quemar libros cuando conoce a una joven llamada Clarisse y cuando en una de sus misiones una mujer con una biblioteca clandestina prefiere ser quemada viva a ser simple observadora de aquello que ama convertirse en cenizas.

Montag, que toda su vida ha sido ignorante de aquello que guardan las páginas de los ejemplares que incinera, comienza a tener dudas acerca del sistema que apoya y curiosidad de lo que pueden ofrecer los libros. Si existe gente dispuesta a morir por ellos, ¿qué es lo que se está perdiendo? En este viaje el protagonista comenzará a leer las historias encerradas entre las páginas, enfrentará a un sistema totalitario y, encontrará aliados y enemigos.

Desde su publicación, la novela de Bradbury ha causado fascinación entre los lectores, no solo por la historia de Montag, sino por los paralelismos que se han vuelto demasiado cercanos con el paso del tiempo. El libro refleja aquellas personas que atrapan su atención en las pantallas en busca de una felicidad que se siente efímera, ocultando una tristeza demasiado profunda como para definirla.

Con esta atracción inherente por parte del público era de esperarse que la industria cinematográfica pusiera su mira en esta historia, llevándola del papel a la pantalla en dos ocasiones.

Julie Christie en Fahrenheit 451. 1966.

La primera, una película dirigida en 1966 por el director francés François Truffaut, presenta una versión que poco se aleja de la novela. Ubicada en 2010, la cinta de Truffaut ilustra bien la tarea de los bomberos imaginados por Bradbury y el propósito de la quema de libros. El autor desde la novela lanzaba la idea de que, en esta sociedad distópica, el gobierno prohibía a la población leer porque hacía que se cuestionaran su realidad, convirtiéndolos en desdichados y tristes.

El director, haciendo uso de los recursos que la época le permitió, dio vida a este mundo futurista. Con decisiones estilísticas inteligentes muestra la falta de letras, el exceso de anuncios y pantallas, la desolación y la tristeza oculta de aquellos que habitan los espacios y, por supuesto, el amor por los libros que no solo el autor profesaba, sino también los personajes que se resisten a verlos desaparecer.

La crítica de su tiempo recibió con buenos ojos la adaptación. Sin embargo, no pasó lo mismo con la versión de 2018 producida por HBO y dirigida por Ramin Bahrani.

En esta cinta prepondera la acción sobre los cuestionamientos filosóficos internos del protagonista. En manos de Michael B. Jordan, el personaje de Montag se ve desprovisto de propósito. El hombre cuyas dudas llenaban la pantalla transmitiéndolas al público hasta volverlas suyas, pierde ante la construcción del héroe clásico estadounidense.

Michael Shannon y Michael B. Jordan en Fahrenheit 451. 2018.

En un intento de hacer más seria y oscura la historia, el director comete omisiones en el material original que, individualmente pueden parecer insignificantes, pero en el cuadro general representan oportunidades pérdidas. La eliminación de la esposa de Montag, personaje que participa poco en la novela y en la primera adaptación, hace que la visión más cercana de aquella sociedad deprimida y que apenas sobrevive con placebos que dan la sensación de falsa felicidad se pierda por completo, dejando vacíos que dotaban de profundidad a la historia original.

Bahrani deja tanto de la novela fuera, que bien podría tener otro título y funcionar. El despliegue futurista de efectos especiales, más allá de representar el mundo nacido de la mente de Bradbury, lo convierte en un lugar más, de aquellos que se pierden en el recuerdo de la multitud.

Una adaptación no tiene que ser una calca del material original para considerarse buena, al contrario, en parte una adaptación es producto de su tiempo. Es la visión del director y la historia que los productores y escritores creen que la audiencia desea ver en pantalla; una adecuación de aquello presentado previamente para atraer al público base y encantar a nuevas personas que se quieran acercar a él.

A pesar de las limitaciones de su tiempo, la versión de Truffaut se adecua mejor a aquello que significaba la novela para el lector. Sin embargo, como cada persona que se enfrenta a la adaptación de un material que adora, la última opinión la tiene aquel que observa y obtiene sentimientos similares con experiencias y productos diferentes.

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