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Entrevista con Valentina Maurel: acostumbrando al público a personajes complejos

Escrito el 11 diciembre, 2023 @Kenny_DiazPR

El cine latinoamericano atraviesa un momento esplendoroso de la mano de mujeres cineastas. Estos talentos noveles han recorrido con éxito los festivales de cine más prestigiosos del mundo, en algunos casos recibiendo reconocimientos. Por dar algunos ejemplos, la mexicana Fernanda Valadez presentó en 2020 su ópera prima Sin señas particulares, recibiendo el Premio de la audiencia y el Premio especial del jurado al mejor guion en el Festival de Sundance. La colombiana Laura Mora se alzó en 2022 con la Concha de oro, el máximo galardón del Festival de San Sebastián, por su película Los reyes del mundo.

Otro talento emergente llega desde Costa Rica. La directora Valentina Maurel debuta con Tengo sueños eléctricos, filme multipremiado en el Festival de Locarno 2022. Candidata costarricense a las ediciones próximas de los premios Óscar y Goya, esta obra sobre apegos violentos y relaciones familiares complicadas introduce una voz que desafía las representaciones tradicionales de la mujer en el cine y los parámetros a veces tan estrechos que definen al cine latinoamericano. Palomita de maíz platicó con ella sobre el recorrido de su ópera prima, la construcción de personajes complejos y los retos de contar una historia a la vez singular y universal.

Quiero hablar primero de la experiencia festivalera. Esta película ha tenido un recorrido notable desde su estreno en el Festival de Locarno el año pasado, donde se alzó con tres premios, incluyendo Mejor dirección. ¿Cómo fue esa experiencia de presentar tu ópera prima en un festival de cine europeo? ¿Cómo ha sido el recorrido de la película desde ese momento?

Fue una experiencia muy intensa. No pensé que fuéramos a ganar tres premios. Tenía la esperanza de que ganáramos quizá uno. Estábamos en Competencia Oficial, lo cual ya de por sí era un gran honor. Yo esperaba que la película tuviera un recorrido más confidencial. Es una película costarricense que cuenta una historia un poco ordinaria. Es un coming-of-age, pero, sobre todo, la historia de una relación padre-hija, de un divorcio y de cosas para las que yo sentía que no había lugar en un festival europeo. A veces lo que se espera del cine latinoamericano son ciertas cosas muy específicas, un poco más exóticas y espectaculares. Así que pensé que pasaríamos por el festival de forma un poco discreta.

Estos tres premios fueron muy importantes para el resto del recorrido de la película. Yo la acompañé [a la película] a muchos festivales. Creo que fui a 18. Fue muy lindo intercambiar con el público y sentir que lo que uno hace sí tiende a algo muy universal. Uno no es solo un ser exótico, sino que uno está contando historias con las que la gente conecta en diferentes partes del mundo. Así que aprendí mucho con la película.

Los actores Reinaldo Amien y Daniela Navarro junto a la directora Valentina Maurel en la alfombra roja del Festival de Locarno 2022. Cortesía de IMAGO.

Hablando de patrones narrativos y estéticos en el cine latinoamericano, te pregunto: ¿Qué relación crees que guarda Tengo sueños eléctricos con la producción cinematográfica costarricense? ¿Cómo dialoga tu película con el cine que se hace actualmente en la región?

Esta película viene justo después de otra cinta costarricense que tuvo una trayectoria en festivales muy importantes: Clara sola (Nathalie Álvarez Mesén, 2021). Viene también después de otras películas que tuvieron visibilidad a nivel internacional, todas dirigidas por mujeres. Entonces, creo que esta película confirma que está pasando algo en Costa Rica con mujeres que hacen buen cine. Esto es muy excepcional en la región y en el mundo.

No sé cómo esta película dialoga con el cine que se está haciendo en América Latina, pero, en todo caso, sí siento que el público europeo o estadounidense está listo para salir del paradigma exotizante y del miserabilismo que se espera del cine latinoamericano. Sin embargo, yo acabo de llegar al panorama actual y también me pude topar con cineastas de más trayectoria que están un poco cansados, que sienten que es difícil salir de esa dinámica y que consideran que hay muchas películas latinoamericanas muy buenas que no llegan a los festivales de clase A o que no encuentran distribuidores en Estados Unidos o Europa.

Supongo que mi película entró en una categoría de “cine hecho por mujeres” que habla de violencia de género. Hoy día hay un público para eso, pero hay otras películas muy buenas que pude ver en ciertos festivales que no llegaron ni a Locarno ni a Cannes ni a Berlín y que no tienen distribuidor en otros países. Para mí eso es un problema.

Ya que hablas de violencia de género en tu película, ciertamente Tengo sueños eléctricos aborda este y otros temas complejos, como las relaciones familiares, el despertar sexual y la codependencia emocional, entre otros. Sin embargo, llama especialmente la atención el tema de la ira. Esa furia que cargan el padre y la hija y que manifiestan a veces en autoagresiones o agresiones a otros. ¿De dónde surge el interés de tratar estos temas? ¿Cómo fue ese proceso de darle vida a esa idea y llevarla a la pantalla en un estilo tan singular?

Yo quería hablar de cómo la violencia circula en la familia. En la vida he observado que a veces las cosas son más complejas de lo que uno cree o son incluso contradictorias. Aunque la película no es estrictamente biográfica, lo que sí sé de la violencia es que se puede confundir con la vitalidad, es decir, hay gente que es violenta porque así se sienten más vivos. También la ira funciona a veces como una confirmación de uno mismo. Como yo crecí rodeada de artistas, sentí que había una gran confusión entre la violencia, la ira y la exaltación de las pasiones. Me pareció una buena manera de hablar de la violencia, de un grupo de gente que es capaz de justificar la violencia y absorberla en un discurso de la vida. Por eso el personaje del papá habla de resistir al dolor para ser fuerte. Una filosofía ambigua que justifica su forma de ser.

Me pareció que esto era más interesante que solo hablar de la violencia intrafamiliar desde un punto de vista de víctima o agresor, como solemos verla. Creo que mucha gente vive estas situaciones sin jamás aplicar a su propia vida un concepto como el de violencia intrafamiliar. La gente no piensa su vida de esta forma, sino que tienen muchas estrategias para ver las cosas de otra forma y así justificar, perdonar o hacer funcionar. Y, por último, me pareció que el arte y la clase media bohemia, de la que vengo, eran una buena fuente de inspiración.

Mencionas el arte como fuente de inspiración. En la película hay un desfile de escritores bohemios fuera de los circuitos comerciales. ¿Cuál es tu relación con otras expresiones artísticas además del cine?

Mis padres, especialmente mi mamá, escribían poesía y teatro. Crecí rodeada también de pintores y músicos en un hogar donde todas las artes se consideraban importantes. Costa Rica es un país pequeño en el que no hay tantos artistas. Así que todos se conocen y los gremios se mezclan. Esto me permitió pensar en el cine como un lugar en el que puedo tomar inspiración de todas estas cosas, por eso le quise dar cierto espacio en la película al texto recitado. La relación entre la poesía y el cine es algo más complejo de lo que la gente cree. El cine poético no es solamente un cine de metáfora visual. Yo creo que también es un cine de palabras.

La poesía alimentó también la forma en que escribí el guion. Escribí inventando escenas y mezclando imágenes que quería ver más que pensando en un tema. A veces la gente escribe una película como pensando “voy a escribir una película sobre esto”. Entonces todo se vuelve prisionero del tema. En cambio, hay muchas cosas en mi película que son pequeñas digresiones o detalles que están ahí para alimentar una atmósfera o solo porque quiero que estén ahí.

Tengo sueños eléctricos. Dir. Valentina Maurel. MUBI. 2022.

¿El título Tengo sueños eléctricos también viene de un verso de un poema?

Sí, es un verso de un poema. Me pareció por mucho tiempo que era un título abstracto, que no contaba lo suficiente sobre la película, que comercialmente no iba a funcionar y que además se parecía mucho al título de una novela de Philip K. Dicks. Pero, al fin y al cabo, siento que eso es lo bonito de la escritura y de la relación entre el cine y la poesía. El título contamina el tema de la película. Hay una relación entre los sueños eléctricos y la forma en la que la violencia atraviesa a los personajes. Todos funcionan por impulso.

Entonces es un título que cobró sentido después de la filmación de la película. Por eso lo dejé. Me liberó de la relación que uno tiene con el título. Uno no puede esperar que el título sea esta cosa que resume todo y dé un sentido absoluto. A veces el sentido está en otro lugar. Hay que dejar que aparezca eventualmente.

Hablemos sobre la filmación y la composición de ciertas escenas. Me impactó mucho la escena de la feria, cuando entran a ver el acto de esta mujer que se transforma en animal. Me interesa la idea de lo monstruoso. Creo que este momento impacta mucho a la protagonista y luego aparecen otra vez esas imágenes intermitentes en su cabeza. ¿Cómo describirías el proceso de filmar estas escenas? ¿Qué piensas de lo bello y lo feo (o monstruoso) en el arte de narrar?

Esta escena está inspirada en un espectáculo de feria (de las Fiestas de Zapote, como se les llama en San José) llamado “La horrorosa”. Lo descubrí ya siendo mayor porque se trata de un espectáculo “vulgar” y sexualizado al que yo no tenía acceso como jovencita. No podía entrar a verlo. Descubrirlo fue la forma de ver también que esta feria a la que yo iba de niña, comiendo el algodón de azúcar y todo, tenía también una dimensión sexual que yo no había visto. A la vez, el espectáculo juega con la relación entre lo sexual y lo monstruoso: una mujer muy bonita que se convierte en gorila. Eso es un poco lo que uno descubre en la adolescencia con el despertar sexual: uno se descubre monstruoso.

No es una metáfora absolutamente clara. Ni siquiera para mí. Más bien, alimenta esta relación entre una jovencita que descubre su sexualidad y también la ciudad en la que vive, a su papá y a los hombres de la edad de su papá. Todo está relacionado. Esa misma monstruosidad de nuestro cuerpo genera una cierta sexualidad difusa, típica de la adolescencia, que puede estar dirigida a hombres o mujeres al mismo tiempo. Esta mujer muy bella que hace el acto de “La horrorosa” atrae también a Eva (Daniela Marín Navarro), el personaje principal.

Es una respuesta un poco difusa [risas], pero no se trata de metáforas fijas, sino que alimentan una serie de conexiones.

La relación entre padre e hija es interesante en muchos aspectos. Ciertas escenas, como cuando ella acaricia su barba al comienzo de la película, y la progresiva “fascinación”, como la califica la madre, que muestra hacia el padre me hicieron pensar que había algo más. ¿Qué responderías a una lectura de la película donde se señale algún tipo de tensión sexual (o romántica) entre padre e hija?

Me alegra que menciones el detalle de la barba. Para mí era importante hacer sentir esta tensión que surge entre los personajes de Eva y Martín (Reinaldo Amien Gutiérrez), entre quienes hay cierta ternura, pero a partir del momento en que ella se convierte en una adolescente sexuada, es decir, que el padre descubre que ella tiene una vida sexual, de pronto él se siente incómodo con que ella le toque la barba. Pasa mucho en las familias donde hay un padre y una hija. Ya no hay una ternura posible porque todo se vuelve muy ambiguo. Me parece que es extraño que no se pueda hablar de esto.

Hay un gran amor entre ellos y como cada uno está buscando una nueva relación amorosa (él porque se acaba de divorciar y ella porque está en este boom hormonal), la única relación física posible entre ellos es a través de la violencia. Se estrellan el uno contra el otro. La ambigüedad incestuosa no lo es directamente, sino que está alimentada por eso, de forma indirecta. Muchas relaciones paternofiliales lo están, pero nos cuesta hablar de eso. Está bien aceptar esa parte monstruosa de nosotros mismos. La forma en que ellos lo canalizan, a pesar de que son personajes que no logran verbalizar las cosas, es precisamente a través de la circulación de la violencia.

La construcción de personajes femeninos es un tema complejo en el cine latinoamericano. En este caso, se trata además de una adolescente de 16 años. También las otras mujeres, como la hermana pequeña o la madre, presentan conductas interesantes de analizar. ¿Cómo ves a los personajes femeninos de tu película? ¿Qué relación guardan con tu entorno inmediato?

Intenté escribir personajes femeninos complejos. No quería un personaje adolescente heroico ni un personaje de madre sacrificada. Siempre son muy unidimensionales los personajes femeninos en el cine. Me di cuenta después de haber mostrado al público la película que la gente espera mucho de los personajes femeninos. Quizá para identificarse con ellos o quererlos. Esto me sorprendió mucho. Creo que hay mucho que decir sobre cómo construir un personaje femenino, siendo a la vez justo con el personaje y esperando que el público entienda al personaje.

En el caso de mi película, hay veces que la gente le reprocha más a la madre que al padre. Algo que yo no entiendo. Le he preguntado a miembros del público por qué están tan molestos con ella y no con él, y lo que me responden es que con el padre ya no hay nada que hacer. Una actitud que la sociedad tiene hacia los padres. Entonces cuando uno construye un personaje femenino entran en juego todas estas cosas de lo que la sociedad espera de una mujer. También con Eva hay mucha gente que le tiene poca empatía porque sienten que es culpable de lo que le está pasando. Son lecturas desafortunadas, pero hice la película con cierto nivel de ambigüedad para que el espectador fuera libre de pensar lo que quisiera.

Yo escribí estos personajes pensando en la mujer que soy y en las mujeres que conozco. No hay nada que me moleste más de una película que te den a un personaje femenino que no hace más que sufrir o luchar para ser un modelo de valentía. Siento que nos deja en un estado de desamparo a todas el tener solo modelos así en la ficción en general, no solo en el cine.

Tengo sueños eléctricos. Dir. Valentina Maurel. MUBI. 2022.

Las actuaciones son notables. Ambos actores, Daniela Marín Navarro y Reinaldo Amien Gutiérrez, quienes interpretan al padre y la hija, respectivamente, fueron premiados en Locarno. ¿Cómo fue la selección de los actores? ¿Cuál es el trasfondo de estos?

En Costa Rica no hay tantos actores con experiencia en cine. Desde el principio me planteé hacer un casting abierto. Que venga quien quiera venir. Tuve la suerte de toparme con Daniela, la sexta chica que vi en casting. No vi a miles de personas. Ni siquiera a cientos. No supe de inmediato que era ella la indicada. La idea era desarrollar una relación con el actor que hace del papá. Ya yo había trabajado con Reinaldo, pero al principio tampoco estaba segura de que sería él. Hicimos talleres y trabajamos juntos durante varios meses. Poco a poco, la química que se fue generando entre ellos, la directora de casting y yo, determinamos que ellos serían los actores.

La película la diseñamos a nivel de presupuesto para que lo más importante fueran los actores: encontrarlos, trabajar con ellos antes y hacer la película en orden cronológico para que ellos fuesen descubriendo sus personajes.

La película se estrenó en Estados Unidos en la plataforma de Mubi y ha sido elegida para representar a Costa Rica en la 96ª edición de los Premios Óscar. ¿Hay algún esfuerzo publicitario concreto para buscar esa nominación?

Se estrenó en Mubi, pero no tuvimos distribuidor en salas de cine, por lo que se hace muy difícil hacer campaña. Por lo general, el distribuidor cubre una parte de los gastos. En Costa Rica, desde la Comisión Fílmica, intentaron apoyarme para hacer una campaña, pero sin el aporte del distribuidor es demasiado complicado. Entonces, con esto de los Óscar, a veces salimos perdiendo los cineastas latinoamericanos si no hay suficientes fondos locales para financiar una campaña. Igual esperamos que los miembros de la Academia la vean y la voten. Algo haremos.

¿Hay algún proyecto futuro del que nos quieras contar?

No es tan fácil ponerse a escribir una segunda película, pero estoy intentando hacer algo precisamente sobre un personaje materno. Me dio mucha cólera la reacción de cierta gente al personaje materno de Tengo sueños eléctricos. Me parece que es un desafío hacer una película con personajes femeninos como los que me gustan a mí: difíciles, ambiguos y que reproducen esquemas de violencia. No espero que la gente los quiera, pero al menos que tengan un lugar en el cine y acostumbrar al público a personajes complejos. En esas voy.

Creo que también voy a usar la poesía en esta película. Un título para mí es más un deseo que algo que resume una película y el deseo que tengo para esta película es un verso de un poema que dice “Siempre soy tu animal materno”, así que espero que sobreviva a la escritura del guion.

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