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En defensa de Don´t Look Up

Escrito el 4 mayo, 2022 @VVelSant
En la sección “En defensa de” recuperamos un filme que fue recibido fríamente por críticos y fanáticos para revisar qué elementos son salvables y las razones por las que, quizá, merece ser reconsiderado bajo una lupa benévola.

Si tuviéramos que seleccionar el título más divisivo y vapuleado por la comunidad digital cinéfila (aka Film Twitter) a finales del año pasado, no habría lugar a dudas de que Don´t Look Up, de Adam McKay, podría disputarse fácilmente el primer lugar. Desde su arribo a Netflix, la comedia distópica se convirtió rápidamente en uno de los títulos más vistos de la plataforma, así como en uno de los más debatidos por la cinefilia, demostrando el protagonismo de los internautas y el espacio digital en el establecimiento de tendencias. A partir de ahí, las críticas mixtas, tirando a malas, no se hicieron esperar.

El consenso de la comunidad cinéfila digital es que se trató de un largometraje fallido que solo buscaba ser provocativo y comentado. No obstante, a pesar de ser un filme considerablemente desaprobado por la crítica, sí fue del agrado del público casual, el cual compartió impresiones satisfactorias. Tomando esto en consideración, una de las preguntas que me vienen a la mente es: si la película fue justamente concebida para generar este tipo de reacciones encontradas, ¿cómo es que se le puede acusar de fallida?

Esto no quiere decir que no flaquee en algunos aspectos, pero, al menos en lo referente a probar su tesis, Don´t Look Up sale airosa. Dicho lo anterior, no voy a pretender que es un referente de su género, o siquiera uno de los mejores títulos del año pasado, pero difiero que amerite la calificación de “podrido” que se le adjudicó en Rotten Tomatoes.

En contra

Don’t Look Up. Dir. Adam McKay. Netflix. 2021.

Empecemos por reconocer que una de las cuestiones que más le juegan en contra es que parece que McKay cree que está haciendo una obra mucho más compleja de lo que en realidad es. El director parece ensimismado en la idea que su cine es “de autor” y se empecina tanto en que su sello esté presente en el metraje que el resultado es excesivo. Después de todo, si hay algo que no caracteriza a McKay es precisamente la sutileza. Además, no encuentra un balance entre el tono de comedia burda y sátira aguda que propone desde su planteamiento, ya que hay instancias en las que la película quiere ponerse sobria y lo consigue únicamente en momentos puntuales, pues el resto resulta en un puñado de secuencias que se sienten como de otra película, en especial aquellas tomas de la naturaleza que parecen sacadas de un canal de new age de YouTube.

Lo anterior desemboca en varios problemas que debilitan una premisa prometedora y un discurso potente que queda en un plano secundario conforme transcurren los minutos. Respecto a ello, considero que otro de los inconvenientes es que el guion quiere abarcar mucho y termina por abrir más líneas argumentales que las que su premisa da para incluir. Ejemplo de ello son los personajes de Cate Blanchett y Timothée Chalamet. En el primer caso, el amorío que la presentadora de noticias milf sostiene con el protagonista no lleva a absolutamente a ningún lado, sin mencionar que sus escenas no son memorables. En tanto que con Chalamet, aunque tiene momentos destacables, su personaje parece impostado, ya que es introducido cuando la película está llegando a su recta final y no tiene un desarrollo como para que nos importe su presencia en el clímax.

A favor

Don’t Look Up. Dir. Adam McKay. Netflix. 2021.

Por su parte, las fortalezas de la película la convierten en un muy digno ejercicio del género. Justamente una de las cuestiones que más le achacan es uno de sus puntos fuertes.

En varias reseñas se acusa al filme de ser ridículo, lo cual es cierto, pero el guion es consciente de ello, y no solo abraza el absurdo, sino que se regodea en él. Probablemente, en otro tipo de historia lo poco creíble de las situaciones que se desarrollan jugaría en contra de la película; sin embargo, al hablar de una sátira, las opiniones que la acusan de bufonesca no corresponden con las reglas que el propio género plantea. Pensémoslo de esta manera: si en una película sobre “el fin del mundo” uno como espectador acepta ciertas licencias en favor de la historia, ¿por qué a una comedia con tintes apocalípticos se le exige rigor científico? Ni a títulos como 2012, Moonfall o El día después de mañana se les pidió un realismo que no era afín con el espectáculo visual presentado.

En el caso de la película de McKay, todo lo relacionado con la trama apocalíptica de un asteroide que se aproxima a la Tierra funciona solo como punto de partida para desencadenar la sátira. La ciencia ficción es lo de menos ya que, al final, el eje principal es la manera en la que la sociedad moderna reacciona ante la inminente catástrofe. Si todas las escenas inverosímiles sirven para probar la tesis del filme, considero fuera de lugar equipararla con aquellas películas que terminan cayendo en el ridículo sin tener la intención de hacerlo, cuando en este caso no es como que el filme no busque ese resultado. Así se puede ilustrar esa línea delgada que separa el “reírte de la película” de “reírte con la película”.

En relación con lo anterior, fue criticado el trabajo de montaje, acusándolo de frenético y desordenado. Difiero también en ese punto pues, evidentemente, ese es otro de los efectos buscados. De nuevo, en otro tipo de largometraje esto sería cierto, pero, en este caso, la película se propone crear una sensación de caos a la vez que emula el frenetismo de edición que caracteriza al material audiovisual que inunda los medios digitales. La cinta sumerge a la audiencia en un loop de gifs, stories y TikToks, enfatizando la dispersión de la sociedad moderna que apenas puede mantener la atención, saltando de un lado a otro y por breves periodos de tiempo.

Otro de los platos fuertes de Don´t Look Up es su reparto, uno de los atractivos desde que se anunció el proyecto. En una época en que el star system de Hollywood está en peligro de extinción, este tipo de películas corales evoca esa era de antaño en la que un solo título era capaz de reunir a numerosos nombres reconocidos. En general, todos tienen su momento de brillar (la única interpretación que chirria es la Mark Rylance, pero tengo la impresión de que eso también es intencional). Cierto es también que, salvo los roles de Leonardo DiCaprio y Melany Lynskey, los personajes prácticamente son una caricatura viviente, por lo que quizás no explotan el potencial histriónico del catálogo de actores, pero la mayoría están hilarantes, especialmente Jonah Hill, Meryl Streep y, sobre todo, Jennifer Lawrence. Por su parte, Leonardo DiCaprio presenta un personaje con una mayor gama de matices, razón por la que su talento está aprovechado al explotar su vis cómica y su potencial dramático.

Por último, otras de las críticas hacia la cinta es que es aleccionadora, lo cual es parcialmente cierto, pero no en los términos que se le acusan de sermonear a su audiencia. Más bien, McKay se burla del star system actual en el que básicamente las celebridades utilizan su fama como una plataforma para predicar un virtuosismo basado en los valores que tanto permean en Hollywood (y que han contribuido al declive del propio star system). Lo anterior no es necesariamente malo, después de todo, es natural que los famosos utilicen su visibilidad para expresar su ideología política; no obstante, pareciera que en los últimos años han perdido la brújula de su función como fuentes de entretenimiento y han monopolizado un discurso que no es diverso, autoproclamándose como los representantes de la moral estadounidense.

Claro está que el director entiende que en esa ecuación Hollywood no es el único culpable y también se vuelca sobre aquellos que han puesto a los famosos en dicho pedestal: el público. La crítica no está orientada únicamente a las fake news y los influencers como líderes de opinión, sino a esa audiencia a la que parece que le importa los problemas sociales solamente si su artista favorito en turno apoya determinada causa. Cierto es que, en ese afán excesivo de McKay por que el discurso de la película sea trascendente, termina cayendo en un aleccionamiento que daña al propio largometraje.

Veredicto

Don’t Look Up. Dir. Adam McKay. Netflix. 2021.

Don´t Look Up es una muy acertada sátira que no solo demostró su tesis, sino que propició las reacciones para que el debate persistiera aún después de su visionado, lo cual es prueba de que trascendió como fenómeno popular. Aunque son poco los momentos sobrios que salen bien parados, hay dos que son de lo más destacable del filme.

El primero es el momento en el que el protagonista se desmorona en pleno noticiero y arremete con un discurso cargado de desesperanza y furia. El segundo es prácticamente al final, cuando los personajes celebran una íntima última cena. Este momento parece atípico no solo en el género apocalíptico, sino en el propio cine de McKay, pues resulta conmovedor por su sutileza, sencillez y capacidad de dejar descompuesto al espectador ante tan fatídico desenlace.

En el peor de los casos, Don´t Look Up es un sketch alargado de Saturday Night Live y, en el mejor, una mala parodia del cine de Michael Moore. Es una película que entiende el material que aborda y construye su estilo visual con base en su objeto de estudio: las redes sociales y sus usuarios. Su tema es tan actual que dificulta apreciar lo precisa y afilada que resulta, pero estoy seguro de que, en algún futuro, este título será una radiografía de la sociedad contemporánea y un material de análisis para comprender un pasado que, para nosotros, es el presente.

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