El séptimo arte en México: ¿Dinero bien gastado?

El recorte del presupuesto público destinado al sector cultural en México ha provocado una fuerte molestia entre sus integrantes – actores, artistas y promotores culturales. Festivales, premios y recintos culturales han visto mermadas sus actividades. Eventos como el Premio Iberoamericano de Cine Fénix, el Premio Ariel y el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) han visto reducidos sus fondos. De hecho, en 2019 de los 155 festivales que registra el Imcine, sólo ocho obtuvieron fondos públicos a través del Programa de Apoyo a Festivales Culturales y Artísticos ProFest.

Cabe señalar que el Profest es uno de los programas del gobierno federal diseñados para “Impulsar el desarrollo integral y una mejor calidad de vida de las y los mexicanos mediante el otorgamiento de recursos para el desarrollo de proyectos a fin de promover el arte y la cultura; conservar las expresiones culturales del patrimonio cultural inmaterial; preservar los bienes que integran el patrimonio cultural”. En pocas palabras, este programa da dinero a los festivales de arte para que puedan existir. De otro modo, y ante la falta de demanda, muchos desaparecerían de la escena.

Poco antes de las elecciones de 2018, una parte considerable de la comunidad artística en México apoyó al candidato Andrés Manuel López Obrador con la esperanza de que aumentara el presupuesto destinado a la cultura y al arte. Quizá el caso más paradigmático, es el de Susana Zabaleta, quien se burló de Angélica Rivera, esposa del entonces presidente Enrique Peña Nieto, celebró su partida y promovió con gusto la llegada del nuevo gobierno que sí apoyaría al arte.[1]

No obstante, el nuevo gobierno, lejos de aumentar el presupuesto destinado a la cultura, lo ha reducido. La incredulidad del sector cultural ante estos recortes ha quedado de manifiesto. Algunas voces, como las de Alfonso Cuarón, Luis Gerardo Méndez, Gael García Bernal y Diego Luna han mostrado su descontento. De hecho, un grupo de artistas fue a la Cámara de Diputados a buscar revertir la situación.

No obstante, estos esfuerzos han sido en vano. La actitud de la Secretaria de Cultura, Alejandra Frausto Guerrero, ha sido en favor de los recortes del presupuesto. Cabe resaltar, que los argumentos para esta reducción son simplistas.

El rediseño de los programas de apoyo, y no su reducción, hubiera sido una estrategia más realista y sensata. Entre los argumentos esgrimidos por aquellos a favor de los recortes se encuentran:

  • La calidad del cine que ha sido apoyado deja mucho que desear.
  • Existe poca transparencia y mucha discrecionalidad al momento de ofrecer el apoyo, lo que resulta en que siempre los mismos sean favorecidos, mientras que cineastas nuevos sean ignorados.
  • La nueva administración considera que gastar en el séptimo arte es más lujo que necesidad, y más para un país en que el 50% de su población es pobre. Se argumenta que sería más útil destinar los más de 253 millones de pesos que tiene el IMCINE o los más de 5 mil 203 millones de presupuesto de la Secretaría de Cultura en algo más mundano como un hospital o una escuela.

Si bien algunos argumentos podrían parecer interesantes, al final no soportan el primer escrutinio de análisis crítico:

  • ¿Queremos cintas con mayor calidad artística y que los apoyos sean menos discrecionales? Modifiquemos los lineamientos para la asignación de los beneficios.
  • ¿Es la salud más importante que el cine? Probablemente, aunque es debatible en cuanto a la salud emocional y psicológica de las personas. Al final del día, el cine como entretenimiento y discurso social es igual de valioso que los deportes, por ejemplo. Vale la pena recordar que el séptimo arte representa una fracción de lo que el gobierno se va a gastar en promover el beisbol.

Por otro lado, es importante aclarar que gastar en cine no es cosa de ricos ni de posmodernistas. El cine como forma de expresión tiene un efecto que permea en toda la sociedad. Los argumentos para mantener o incrementar el presupuesto destinado a apoyar el cine mexicano son variados y necesarios de considerar:

  • Apoyar las artes tiende a reducir en el largo plazo el crimen. Reflejar la realidad de las zonas pobres del país por medio del arte es una necesidad imperiosa que ayudar a crear conciencia y a impulsar cambios. El “castigar” a películas de comedia superficiales de gente rica también implica un castigo para las pequeñas películas socialmente relevantes, como El sueño de Marakame, Sueño en otro idioma y Los días más oscuros de nosotras, por mencionar algunas.
  • El cine como actividad creativa genera conciencia social. ¿Qué hubiera sido de la Rusia Soviética sin la crítica de Andréi Arsénievich Tarkovski? o ¿Qué hubiera sido del México de los 50s sin el ojo duro de Los Olvidados de Luis Buñuel? Eso sin contar los documentales de Michael Moore en Estados Unidos, o la cinta Carfarnaum de Nadine Labaki y la actual crisis de refugiados. El cine nos acerca un poquito al alma de cada país, y México no debería ser la excepción.
  • Los espacios como el FICM o los Premios Ariel han sido ventanas de exposición de los nuevos cineastas. ¿Qué sería del cine mexicano sin Cuarón, Del Toro e Iñarritu? Todos ellos pasaron por festivales mexicanos, además de hacer uso de los beneficios económicos federales para el desarrollo de sus películas al inicio de sus carreras. ¿De cuántos futuros cineastas de renombre internacional nos estaremos perdiendo por los recortes presupuestales y la falta de apoyo cultural?

El cine mexicano se ha construido lentamente, pero de manera segura a lo largo de los años. Desde las primeras cintas, el cine se ha tenido que enfrentar a la censura, a los pocos recursos y a la competencia de un cine extranjero que cuenta con una superioridad en recursos materiales. Escatimarle recursos a un festival como el FICM, o al cine nacional, debería ser el último recurso.

Una forma de combatir la violencia y la crítica situación del mundo es el arte. Por esto, no nos queda de otra más que rechazar la disminución del presupuesto destinado a las artes y la falta de apoyo a los festivales que han formado el cine mexicano. La batalla en sí es por la existencia sana del sector cultural de México, es decir, el corazón de la sociedad mexicana.

[1] Hoy, ella misma reconoce que se ha equivocado. A través de su cuenta de Twitter, pidió disculpas por su “estúpida esperanza y por pensar en un México que todos queríamos”. De acuerdo con sus declaraciones, se siente decepcionada con la actual administración.

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