El Padrino, parte III: la coda de la familia Corleone

Escrito el 2 junio, 2022 @ECinematografo
Esta reseña contiene spoilers.
Al Pacino y Andy García en El padrino, parte III. Dir. Francis Ford Coppola. Paramount Pictures. 1990.

Cent’anni es un dicho utilizado en los brindis italianos que expresa el deseo que tienen las familias de vivir felices por 100 años. La primera vez que escuchamos esta frase en la trilogía de El Padrino, escrita por Mario Puzo y Francis Ford Coppola, Connie Corleone (Talia Shire) responde con cinismo al ofrecimiento.

No vivirán tanto tiempo, no después de la muerte de Don Vito Corleone (Marlon Brando), un inolvidable patriarca. Es claro que, en ese momento, Connie recordaba con frivolidad por qué el estatus de su familia era acreditado a su padre: él se encargó de construir una industria a partir de sobornos y asesinatos, pecados que arruinarán cualquier intento de redención para los Corleone en el futuro.

 

Perfumando años de pestilencia

20 años después de los eventos de El Padrino, Parte II, Michael Corleone (Al Pacino), el heredero de Vito, intenta cambiar el legado de la familia. Después de una eternidad de servicio al imperio criminal que le costó su matrimonio, su relación con sus hijos y que le llevó a asesinar a su propio hermano, Michael todavía quiere que la riqueza de la familia sea invertida en un asunto legal que permita que sobrevivan más de 100 años, sin rastro de culpa.

Ningún momento en la cinta duda de las buenas intenciones de Michael, pese a que demuestra una ingenuidad que no es propia del hombre calculador de las dos primeras películas. Corleone decide hacer negocios con la Iglesia Católica, entregando al arzobispo Gilday (Donal Donelly) un cheque que le permitirá cubrir una deuda gigantesca a cambio de las acciones de un conglomerado comercial que lo hará inmensamente rico y, sobre todo, legítimo. Aunque su jugada lo acerca por fin a la salvación de su alma y la reconciliación con sus hijos, el Padrino saliente no anticipa que sus socios en la mafia no lo dejarán desertar el contrabando y los juegos sin que antes comparta los beneficios de su transacción.

Michael está a punto de hacer rendir al mundo a los pies de su familia, pero sigue sin ser suficiente para cambiar su imagen ante los ojos de su exesposa Kay (Diane Keaton) y su hijo Anthony (Franc D’Ambrosio), quienes están seguros de sus crímenes. Al mismo tiempo, Michael se rehúsa a aceptar que su hijo quiera convertirse en cantante y no en uno de sus abogados. Sin un heredero, Michael es guiado por Connie, una inesperada consejera, para que considere a su volátil e impulsivo sobrino Vincent (Andy García), hijo del fallecido Santino (James Caan), como protegido y aprendiz.

 

La ambición del episodio final

Talia Shire en El padrino, parte III. Dir. Francis Ford Coppola. Paramount Pictures. 1990.

Cent’anni. ¿Cómo es posible que un imperio tan tradicional sobreviva 100 años después de crear un mundo tan ansioso por destruirlo? La mayor contribución de Parte III a la narrativa de la trilogía es la construcción de los enemigos de Michael. Primero está la generación más joven de mafiosos, encabezada por Joey Zasa (Joe Mantegna), quien no se rige por las reglas de honor de las mafias italianas. Por una sola ofensa, Zasa ordena el asesinato de todos los Don de Nueva York, buscando monopolizar sus territorios bajo su gobierno. El hombre demuestra la misma desesperación que tiene Michael de ser legítimo, escondiendo sus negocios detrás de fundaciones para la “preservación de las tradiciones italianas”.

Luego están los nuevos adversarios de los Corleone: los banqueros de la Iglesia Católica. Estos antagonistas, basados en verdaderos pillos del siglo XX, no son blanco fácil para la inteligencia de Michael. Ahora que está buscando un negocio legal, no puede simplemente asesinarlos aún después de que le roban millones de dólares. Por primera vez en su vida, Michael debe atenerse a retrasos severos en sus planes al introducirse en una burocracia repleta de obstáculos, algunos crueles, como la orquestación del asesinato del Sumo Pontífice para evitar que investigue la corrupción en los bancos del Vaticano y que Michael reciba lo que adquirió legalmente.

En tercer lugar, otros antagonistas de Michael están dentro de su propia familia. El deseo de legitimidad de Don Corleone no es compartido por su hermana Connie o su sobrino Vincent. Connie, en particular, parece reconocer la vejez de Michael y su necesidad por un futuro honesto como una desventaja para los negocios de la familia. Coppola y Puzo no hacen de Connie una amenaza latente para Michael, sino alguien que se salta los designios de su hermano para dar órdenes a Vincent y acabar con los enemigos de los Corleone.

Sin la presencia de Tom Hagen (Robert Duvall), el abogado y consejero de la familia durante las primeras dos cintas, Connie es una consigliere con un interés mayor: asegurar la sucesión de Michael a Vincent. Después de todo, es ella la que arregla que se conozcan y presiona indirectamente a Michael para que lo acepte como protegido, mientras que ordena la muerte de Zasa para dejar un vacío de poder en las magias neoyorkinas que solo puede llenar su sobrino.

Talia Shire es uno de los elementos más fuertes de Parte III debido a la ambivalencia de su personaje, pues así esté en conflicto con su hermano, jamás deja de amarlo. En una escena, Connie le hace saber a Michael, de la forma más sutil, que conoce su responsabilidad en la muerte de Fredo. De este modo, Puzo nos deja con la incertidumbre respecto a los límites de la lealtad de Connie y si de verdad ha perdonado a Michael por dos muertes que ordenó: la de su esposo y su hermano.

 

“La peor tercera película”

Al Pacino y Sofía Coppola en El padrino, parte III. Dir. Francis Ford Coppola. Paramount Pictures. 1990.

El Padrino, parte III, nominada al Óscar a Mejor película tal y como sus antecesoras, es comúnmente incluida dentro de la categoría de secuelas frustrantes y cierres insatisfactorios. Se tienden a disminuir los logros de esta película al compararla con dos cintas que son, literalmente, obras maestras. No obstante, esta tercera parte tiene un impacto cultural con algunas de sus secuencias siendo calcadas por el cine comercial que le siguió.

La secuencia con más de una docena de mafiosos asesinados por un helicóptero fue replicada en Star Trek Into Darkness (J.J. Abrams, 2013). El montaje dinámico de su clímax, una masacre que acompaña una presentación de ópera, influyó películas como Quantum of Solace (Marc Foster, 2008), Sherlock Holmes: A Game of Shadows (Guy Ritchie, 2011) y Mission Impossible – Rogue Nation (Christopher McQuarrie, 2015).

Es una buena película solo que con falencias que se hacen destacar. Pese a la presentación temática tan interesante de sus villanos, el hilo argumental de Puzo y Coppola es sorprendentemente pobre: Zasa, Gilday, el anciano maquiavélico Don Altobello (Eli Wallach) y el mafioso banquero Don Luchessi (Enzo Robutti) tienen una presencia que carece de misterio. Desde el principio, se sabe su responsabilidad en sus ataques hacia los Corleone y es difícil diferenciar los intereses de cada uno y su impacto individual en la trama, algo que no sucedió con los enemigos de turno en las películas anteriores.

Otro de los problemas de la película recae en Vincent, el nuevo Don Corleone. Él es alguien fascinante en el sentido de que su verdadera vocación es convertirse en un mafioso poderoso. No tiene deseos de legitimidad, sólo de sostener el imperio que su tía le está facilitando. Su único obstáculo: el amor, y no cualquier amor, sino el de su prima. A pesar de toda la tragedia que conlleva, algo tan escandaloso como el incesto ha funcionado narrativamente por alguna razón en series como Game of Thrones y libros como Cien años de soledad. Sin embargo, el idilio romántico entre Vincent y Mary (Sofía Coppola), hija de Michael, es la subtrama más superflua e incómoda de las tres películas.

Andy García y Sofía Coppola no comparten química. Es triste la mala reputación que adquirió esta joven destinada a convertirse en la legendaria escritora y directora de Lost in Translation, pero el mito alrededor de su interpretación es verídico. Su actuación palidece gravemente en comparación con el resto del reparto y su personaje es una inconveniencia tremenda que solo tiene utilidad para enaltecer el arco de Michael.

 

Las dos muertes de Michael Corleone

Al Pacino como Don Michael Corleone en El padrino, parte III. Dir. Francis Ford Coppola. Paramount Pictures. 1990.

Hace algunos años, Coppola solicitó la asistencia de Paramount Pictures para reeditar El padrino, parte III y hacerla más concisa en duración y cambiar su principio y final. El título original de la película, el cual fue eliminado por ser redundante, fue restaurado para llamarse La coda de El Padrino: La muerte de Michael Corleone. Si bien es conocido que Michael fallece al final de Parte III, la visión original de Coppola y Puzo tendría un giro irónico cuyo regreso es más que bienvenido.

Una coda es una sección colocada al final de la obra que resume los momentos más relevantes de la misma. La nueva abertura de la película hace paralelos directos con la primera cinta de la trilogía. Así como Vito, Michael escucha las plegarias del arzobispo Gilday. En El Padrino, Vito tiene el poder de solucionar cualquier problema de su interlocutor. En Parte III, tanto Michael como Gilday están desesperados, solo que el hijo de Vito está haciendo todo lo posible para comprar el perdón que tanto ansía: una industria legal y religiosa le devolverá a sus hijos y exesposa.

La trama de Coda, así como el corte original, regresan a los Corleone al sitio donde empezó todo: Sicilia, la cuna de nacimiento de Vito, lugar donde el primer Padrino perdió a su familia y lugar al que regresó a vengarse. Es allí donde Michael pierde todo interés en el imperio y decide ceder su poder a Vincent. En los clímax de las primeras dos películas, Don Corleone estuvo detrás de las dramáticas muertes de sus adversarios.

En la tercera película, la situación es más complicada. Convertido en Don Vincent Corleone, el nuevo Padrino ataca a todos sus enemigos durante la presentación de Cavalleria Rusticana, una ópera siciliana que trata de un pillo que se convierte en el amante de la mujer de un hombre poderoso, pensando que se puede salir con la suya, y que tiene a Anthony como actor principal. Al mismo tiempo, Michael, desprovisto de cualquier autoridad, es el blanco de un nuevo intento de asesinato mientras se enorgullece del talento de su hijo.

Durante 45 minutos intensos de metraje, la familia Corleone lucha por su supervivencia, con Michael siendo ajeno a las cuentas que está saldando su sucesor. Hasta Connie está involucrada en estos ataques, decidiendo envenenar personalmente a su padrino Don Altobello. Mientras Connie llora y sonríe al lograr su cometido, Vincent se deleita con la ópera, pues parece ver en ella la coda de su vida y la historia de su familia.

Al Pacino como Don Michael Corleone en El padrino, parte III. Dir. Francis Ford Coppola. Paramount Pictures. 1990.

Los Corleone aparentemente triunfan. La obra termina y Michael encuentra la legitimidad a través del éxito de Anthony. Cuando piensen en la palabra Corleone, pensarán en una voz, le comenta a Connie, quien asiente con condescendencia. Entonces Cavalleria y la trilogía de El Padrino colapsan dentro de la misma tragedia. Turiddu, el protagonista de la ópera, es asesinado y castigado por su arrogancia. En la vida real, una inocente es asesinada como consecuencia de décadas de soberbia. Dos balas son disparadas hacia Michael, una no es fatal y la otra se deposita en el corazón de su hija.

En un minuto, la familia Corleone queda disuelta para siempre: Vincent entiende los alcances de su ambición, Connie queda devastada pese a su triunfo, Kay pierde una hija justo cuando empezaba a confiar de nuevo en su exmarido y Michael paga el precio y se convierte en un ser miserable. Al Pacino, inmerso en la pérdida de Michael, siente una pena terrible que le impide siquiera emitir un sonido hasta que grita como nadie lo ha hecho en la historia del cine. Este hombre está inconsolable y nada, absolutamente nada, podrá paliar su dolor, solo su muerte. En el corte original, esto pasaba: Michael recuerda a las mujeres de su vida y fallece como un hombre viejo. En Coda, la historia simplemente termina con un Michael cansado que no muere y que solo persiste en su existencia exhausta.

La película termina con un mensaje escrito en una pantalla negra: “Cuando los sicilianos te desean Cent’anni, se refieren a ‘una vida larga’ … y un siciliano jamás olvida”. El infierno que esperaba a Michael Corleone es una eternidad de culpa que el dinero y el poder no van a solucionar. Una muerte en vida acompañada solo de recuerdos de lo que no hizo para rescatar a su familia.

***

El Padrino, parte III es un logro, aún sin tener un estatus de clásico. Es un epílogo que considera la tragedia de una humanidad perdida. No decidimos dónde nacemos o dentro de cuál familia, solo nos queda nuestra voluntad de decidir ante cualquier circunstancia. Michael deseaba ser un Corleone diferente, tal vez un héroe de guerra (su padre en particular quería que fuera un político ajeno al imperio familiar). Las cosas no se dieron así: Michael se convirtió en un asesino y emperador como respuesta a las amenazas hacia su familia. Luego, ante la oportunidad de alejarse de eso, se dejó llevar por la avaricia y el placer de un poder ilimitado. Justo cuando decidió redimirse ante los ojos de sus hijos, su destino fue mantenerse vivo con una culpa insostenible, siendo el arquitecto inconsciente de la destrucción de su familia.

Esta película es fiel al legado de Coppola y Puzo, resumiendo las contradicciones de los Corleone hasta el punto de que concluye que nadie se escapa de las consecuencias de sus acciones y que la redención puede ser una realidad tangible, así como un propósito que no alcanza una expiación, sino más miseria. Les invito a no prestar mucha atención a su historia desordenada o la actuación de Sofia Coppola, sino a las verdades emocionales de la trilogía que allí se resumen: no poder huir de una sociedad patriarcal violenta y la respuesta apresurada de una generación más joven que celebra y ansía el poder de la saliente sin considerar 100 años de sangre derramada.

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