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El padrino, parte II: el rencor como advertencia

Escrito el 18 marzo, 2022 @ECinematografo
(Esta reseña contiene spoilers de El Padrino, parte II).
Al Pacino en El Padrino, parte II. Dir. Francis Ford Coppola. Paramount Pictures. 1974.

En la primera entrega de la trilogía de El padrino, un personaje destacó por su irrelevancia: Carmela (Morgana King), la matriarca de los Corleone. Ella, prácticamente un extra glorificado, recibió mayor atención en la secuela, particularmente en dos escenas cruciales. En la primera, Mamá Corleone aconseja a su hijo Michael (Al Pacino) durante un momento de crisis. El príncipe hecho rey pregunta a su madre si su padre fallecido perdió a la familia mientras buscaba su prosperidad. Carmela, quien no se atrevió a cuestionar a su marido, le responde que jamás se puede perder a la familia. Sus palabras no generan ningún consuelo y hacen eco en su siguiente escena, cuando ella, un cadáver en su propio funeral, no llega a ser testigo de cómo su hijo aniquila todo lo que construyó con su marido al ordenar la muerte de su propio hermano mientras finge haberlo perdonado por un agravio.

La continuación de la obra original

Los eventos de El padrino, parte I cerraron con un espectáculo de consecuencias calculadas. Michael, el heredero del notorio capo de la mafia, Don Vito Corleone, cobró las vidas de cada enemigo y aliado que traicionó a su padre u olvidó su sentido de lealtad. Este hombre tampoco es tan buen marido, pues prometió a su esposa Kay (Diane Keaton) que disolvería sus negocios para orientarse hacia propósitos más honestos. La secuela abre años después con Michael dirigiendo un imperio y aferrándose a los frutos de su avaricia.

John Cazale y Al Pacino en El Padrino, parte II. Dir. Francis Ford Coppola. Paramount Pictures. 1974.

El director Francis Ford Coppola y el escritor Mario Puzo plantean una continuación a la obra original con una narrativa que empuja a Michael hasta el límite de su humanidad. Después de trasladar la organización a Las Vegas para incursionar en el negocio de los casinos, Michael intenta superar los obstáculos colocados por un adversario formidable, Hyman Roth (Lee Strasberg). Así como su padre en la primera cinta, Michael sufre un intento de asesinato. Estas circunstancias necesitan ser tratadas con prudencia, pero la resolución del Don es salvaje y su capacidad para perdonar es nula.

Puzo y Coppola se abstienen de sembrar dudas acerca del intelecto de Michael. Este hombre, inteligente y precavido, deduce inmediatamente la identidad de la mente maestra detrás del ataque y sospecha que alguien cercano sirvió como aliado del enemigo. En una serie de secuencias, fascinantes en su construcción narrativa ambigua, se presentan diferentes sospechosos que son visitados por un Michael necesitado de ayuda, pero que, en realidad, solo está tanteando el terreno.

Nuestro protagonista parece llevar la delantera hasta que, en cercanía de su enemigo, se quiebra emocionalmente al descubrir al traidor dentro de su propio círculo. Fredo (John Cazale), su hermano, participó en un complot que pudo acabar con la vida de sus hijos. El corazón de Michael se rompe en mil pedazos y los ojos de Al Pacino reflejan su miseria cuando confronta a su hermano con un beso doloroso, quien rechaza su ayuda para escapar de las garras de Roth.

Los orígenes de la familia Corleone

Robert DeNiro en El Padrino, parte II. Dir. Francis Ford Coppola. Paramount Pictures. 1974.

Los cineastas se empeñan en contar la ruina de Michael al intercalar su experiencia con la vida temprana de su padre, Don Vito Corleone (Robert De Niro) quien, siendo un niño pobre, emigró a Estados Unidos desde Sicilia, para convertirse en un poderoso señor feudal en la Nueva York del siglo XX. Los compositores, Nino Rota y Carmine Coppola, agregaron al icónico y atmosférico tema de la primera película una melodía que acompaña el viaje de Vito desde sus inicios humildes, así como el karma de sus acciones en las decisiones de sus hijos.

Aunque Carmela Corleone aseguró que Vito nunca perdió a su familia, Puzo revela que los Corleone estaban condenados desde el momento en que su patriarca presenció el asesinato de su madre, padre y hermano bajo las órdenes de un mafioso. En el prólogo de la cinta, Ciccio (Giuseppe Sillato), el Don que gobernaba el pueblo natal de los Corleone, hace referencia a la necesidad de asesinar al pequeño Vito, ya que dejarlo crecer significaría un cabo suelto ansioso por venganza. Tiempo después, en Nueva York, Vito se forma como alguien humilde que coloca la otra mejilla ante cualquier injuria y que sufre por su pobreza y posición como inmigrante. Su momento de retribución parece lejano ahora que sostiene con dificultad a su esposa e hijos.

La cultura tan violenta de Sicilia termina reproduciéndose en Nueva York. Todas las personas que huyeron de los terrores en su país natal intentan sobrevivir en este país, mientras rinden tributo a otro paisano italiano que les arrebata parte de su trabajo. En este contexto, Vito empieza un negocio de contrabando que eventualmente se arrodilla ante las extorsiones de Don Fanucci (Gastone Moschin). La interpretación de De Niro como el joven Corleone revela un alma paciente y un decoro para los negocios que corresponden a los cimientos del personaje interpretado por Marlon Brando en la primera cinta.

Vito intenta negociar con Fanucci, pero la diplomacia resulta inútil y decide asesinarlo. Su determinación le permite tener un futuro con una decisión guiada estrictamente por su “sentido de negocios”. Convirtiéndose en Don, Vito evita controlar su territorio desde el miedo, configurando un sistema de favores para compensar el abandono institucional percibido por los inmigrantes, prometiendo cumplir con la voluntad de sus aliados si se arrodillan ante él. No obstante, pese a la serenidad en el rostro de un hombre que enseñaría a sus hijos a separar los negocios de lo personal, el joven Vito no sigue este mantra. Ahora posee poder mientras que Don Ciccio, aquel que le arrebató su inocencia, envejece tranquilamente en Sicilia.

Los pecados del padre recaen sobre el hijo

Al Pacino en El Padrino, parte II. Dir. Francis Ford Coppola. Paramount Pictures. 1974

Volviendo al lado A de la historia, Michael enfrenta varios fracasos: no vence a Roth, es saboteado por sus aliados en Nueva York y regresa a su casa para confirmar que Kay le resiente por descuidar sus promesas. Aunque su padre jamás recurrió a soluciones apresuradas para abordar sus problemas, sí formó un abismo alrededor de sus hijos cuando prefirió la venganza antes que esa serenidad que tanto vendió como fachada. El hecho de que Vito completara su venganza hacia Don Ciccio, le convirtió en un hombre poderoso que, sin saberlo, condenó a su heredero a una vida de resentimiento.

Para el final de El Padrino, parte II, Michael jamás perdona y renuncia a la poca humanidad que le queda al separar a sus hijos de su madre, presionar a la víctima de un malentendido para que se suicide, ordenar la ejecución de un enemigo decrépito y dar luz verde para el asesinato de su propio hermano. Es así como Coppola y Puzo comparan a dos hombres distantes entre sí: un padre que jamás fue honesto respecto a sus pasiones y un hijo carente de misericordia. A diferencia de su padre, Michael regresa a un hogar vacío ocupado solo por su paranoia.

Es gracioso que los otros Corleone sean los que logren superar años de resentimiento hacia Michael, alcanzando la estabilidad emocional que él jamás logra (¡Carmela estaría orgullosa!). Connie (Talia Shire), la menor, prioriza el vínculo fraternal ante años de odio y se dedica a cuidar de Michael. Fredo, antes de su muerte, regresa al seno de su hermano para ofrecer cariño incondicional a sus sobrinos.

En El padrino, parte II, la segunda generación Corleone paga los platos rotos del trauma de un patriarca que jamás superó sus deseos de venganza. Ignorar las lecciones de la historia de su familia condena a Michael a una posición de soledad como consecuencia de su arrogancia e ira. Así como en la primera película, este Don Corleone triunfa sobre sus adversarios y las personas que debería amar. En la cima de sus capacidades intelectuales, el último plano que vemos de este villano es la silueta de un hombre vacío y vano.

 

Esta historia termina con El padrino, parte III: La coda de la familia Corleone.
Lectura adicional: https://medium.com/feverdreams/sins-of-the-son-the-godfather-part-ii-1974-2b07901419ee

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