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El padrino (1972): el otrora y futuro rey

Escrito el 17 febrero, 2022 @ECinematografo
Marlon Brando como Don Vito Corleone en El padrino (1972). Dir. Francis Ford Coppola. Paramount Pictures.

Nuestras vidas pueden verse guiadas por las hazañas de héroes mitológicos, las más grandes películas y hasta los miembros de nuestra familia. Estos íconos terminan produciendo una sombra inmensa causante de ansiedad, expectativas gigantescas y acciones desesperadas. Los Corleone, la familia central en la obra literaria de Mario Puzo y la monumental trilogía de El padrino dirigida por Francis Ford Coppola, son un mito moderno, un grupo de personas que, aun poseyendo un imperio absoluto y legendario, no pueden huir de la mortalidad de sus miembros y de un hecho natural y universal: su disolución.

El padrino inicia con un evento que debería fortalecer los vínculos de cualquier familia: un matrimonio. Este es el único y último acontecimiento en el cual vemos a la primera generación de los Corleone en el mismo sitio, disfrutando de amor fraternal. Reuniones próximas de la familia solo se caracterizarán por tensiones, rencor, despropósito, mentiras y fantasmas que vaticinan el final trágico de un reino construido en un suelo manchado por sangre. Aunque este matrimonio esté celebrándose a plena luz del día, el patriarca de la familia permanece encerrado en una cueva oscura. Desde su oficina, Don Vito Corleone (Marlon Brando) ejerce poder sobre la mafia en la Nueva York de mediados del siglo XX y agrega nuevas almas a su lista de contactos.

La cinta introduce a Vito como una sombra atenta que escucha los problemas de italianos atormentados por su experiencia como inmigrantes en Estados Unidos. Don Vito es el paisano que consiguió estatus en una sociedad discriminatoria y la única persona que puede ayudarles a solucionar sus asuntos. Este padrino solo exige algo a cambio: lealtad absoluta. Estas personas temían ensuciarse en los asuntos de Corleone, pero el cuestionamiento de su honor por parte de sus anfitriones americanos los empuja a besar los dedos de Vito.

Los tiempos están cambiando y Vito sufre por ello. Su imperio es un asunto de inteligencia, decoro y prudencia que comprende actividades virtuosas como la corrupción política, extorsión, apuestas y prostitución. Cuando el mundo del tráfico de drogas llega a su puerta, Vito rechaza que su organización participe en este. Entonces, su reputación entre las demás Familias criminales queda mancillada y su imperio empieza a mostrar grietas, incluyendo la posibilidad de su muerte y las carencias que demuestran sus hijos como herederos aparentes.

El reparto de El padrino (1972). Dir. Francis Ford Coppola. Paramount Pictures.

El padrino se configura entonces como una épica sobre el legado de un padre y la manera en que sus pecados dificultan el futuro de su descendencia. Después de todo, ¿quién quiere pasar su vida entera intentando sostener un reino así?

Sonny (James Caan), el hijo mayor, no es la mejor opción. Tiene vocación de matón, sí, pero no el temple o la paciencia de su papá. Fredo (John Cazale) está más que descartado: no tiene fuerza o motivación más allá de su pasividad. Tom (Robert Duvall), el hijo adoptado, no es italiano, por lo tanto, no puede poseer la carga simbólica de Don. Connie (Talia Shire) está condenada por su sexo y un matrimonio desgraciado. Michael (Al Pacino), el hijo menor, es un héroe de guerra y un caballero pulcro y ético que habría de rechazar toda asociación con los negocios de su papá si este no hubiera sido atacado brutalmente por sus enemigos. Así y en medio de un conflicto sanguinario, Michael es empujado a convertirse en el nuevo Don.

La novela de Mario Puzo se traduce con un ritmo envidiable que se mueve desde el final de la era de un “respetable criminal” hasta los inicios del gobierno de un señor meticuloso, calculador y vengativo. La película invierte su tiempo en introducirnos a un mundo donde un poder terrible que sucede tras bambalinas coexiste junto a valores católicos y la idea de la familia como la más grande virtud, entre otras contradicciones culturales entretenidas.

Puzo, quien adaptó su propio libro, corteja cuestiones interesantes sobre la relación de la individualidad a la luz de la cultura mitológica y atractiva gobernada por Vito y Michael: ¿Qué nos inspira? ¿nuestras propias aspiraciones o los símbolos cultivados por nuestra familia? Al mismo tiempo, el autor explota la masculinidad que abunda en esta cinta. El honor de Vito, la impulsividad de Sonny, la misoginia alrededor de Connie y las esposas de sus hermanos, y el sentido de retribución de Michael introducen al espectador en un universo donde el brío de patriarcas rencorosos empuja a sus familias al abismo.

Coppola retrata la transición entre las dinámicas del Corleone saliente y su heredero junto a Gordon Willis, su director de fotografía, hundiendo los rostros de sus personajes en una oscuridad absoluta en la que solo destaca el naranja como color central para expresar la forma en que la muerte los persigue. Tanto el color como la fruta funcionan como símbolos que generan ansiedad una vez que son agarrados o mordidos por estos mafiosos.

Al Pacino como Don Michael Corleone y Marlon Brando en El padrino (1972). Dir. Francis Ford Coppola. Paramount Pictures.

Michael ama a su familia, pero se convence de que esto implica también sostener el imperio iniciado por su padre. El único camino para lograr esta meta requiere decisiones violentas e irreversibles que hieren su alma. El nuevo padrino miente con frecuencia a su esposa Kay (Diane Keaton), cultivando en ella la posibilidad de que la familia Corleone será completamente legítima, cuando en realidad no está tomando ninguna acción para conquistar esa esperanza.

El Corleone más joven empieza a cargar con una corona muy pesada frente a sus familiares y sus adversarios. Tanto su padre como él son el símbolo central de una familia católica y una industria criminal. Del mismo modo, ambos son padres que, mientras regalan misericordia a sus hijos, les arrebatan la vida a otros. No obstante, la masculinidad tan “honorable” de Vito no corresponde a la resolución tan escalofriante de Michael. Mientras Vito actuaba desde la reciprocidad, Michael lo hace desde la venganza.

En una escena, Vito crea un armisticio para acabar con la guerra entre los Corleone y las demás familias, colocando su propia vida como garantía de paz, sabiendo que no puede asegurar la serenidad de su hijo después de su muerte. Ya siendo el Don, Michael devasta la estructura de poder de su competencia al ordenar todos los asesinatos necesarios para saldar cada traición y asunto pendiente. El nuevo rey hace esto mientras jura convertirse en el protector y guía de un bebé durante su bautizo. Al jurar “renunciar a Satanás”, Michael se inserta en contradicciones aún más gigantescas que las de su padre.

Con imágenes efectivas y una historia que se mueve con un ritmo precioso a pesar de sus tres horas, la ambición narrativa y fílmica de Coppola y Puzo estudian el poder como una forma de legado que entra en constante conflicto con tradiciones contradictorias que moldean las aspiraciones y el destino de un hijo a través de los pecados del padre. La historia no termina aquí, pues las acciones de Don Michael Corleone asegurarán su imperio, más no el bienestar de quienes ama…

 

Esta historia continuará con El padrino, parte II: el rencor como historia de advertencia.

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