El juicio de los 7 de Chicago: Aaron Sorkin encuentra su proyecto ideal en este drama legal

Escrito el 17 octubre, 2020 @la_loulu

En dónde la puedes ver: Netflix.

Director: Aaron Sorkin

Elenco: Sacha Baron Cohen, Eddie Redmayne, Jeremy Strong, Yahya Abdul-Mateen II, Mark Rylance Joseph Gordon-Levitt, Michael Keaton, Frank Langella, John Carroll Lynch, Noah Robbins.

Duración: 129 minutos.

País: Estados Unidos.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt1070874/

Aaron Sorkin, galardonado escritor y productor de cine, televisión y teatro (The Social Network, The West Wing, Steve Jobs) presenta El juicio de los 7 de Chicago, su segunda película como director después de su debut detrás de cámaras con Molly’s Game (2017).

El juicio de los 7 de Chicago es un proyecto que ha pasado largo rato en etapa de desarrollo. En un principio involucraba a Steven Spielberg, quien interesó a Sorkin allá por 2006 en la historia de los disturbios y protestas que ocurrieron en Chicago en 1969 y el subsecuente juicio que fue llevado a cabo en la misma ciudad. El proyecto inicial pasó por toda clase de modificaciones durante la escritura del guion de Sorkin, la búsqueda del elenco y la elección de un director luego de que el proyecto de Spielberg se suspendiera.

Se dice que, a mediados de 2018, el mismo Spielberg se decidió a sacar otra vez el proyecto, pero en esta ocasión con Sorkin como director y guionista de la cinta. Como escollo final podemos citar a la pandemia, la cual hizo replantear a Paramount sus planes de estrenarla en cines, por lo que vendió la película a Netflix en julio de este año. Así, la plataforma digital se hizo de una de las candidatas más fuertes para la temporada de premios 2020/2021.

La historia comienza con eventos previos a la demostración en contra de la Guerra de Vietnam, planeada para llevarse a cabo en medio de la Convención Nacional Demócrata en Chicago de 1968. Los líderes de este movimiento son Abbie Hoffman (Sasha Baron Cohen) y Tom Hayden (Eddie Redmayne), entre otros, quienes posteriormente son llevados a un juicio cuestionable por los disturbios ocurridos en las manifestaciones. La mayor virtud de la cinta está en que centra su atención en el juicio como evento dramático.

Como se sabe, el cine norteamericano posee una gran y estupenda tradición en los dramas legales. Desde el clásico 12 hombres en pugna (1957) hasta Cuestión de honor (1992), de la pluma de Sorkin, pasando por la adaptación cinematográfica de Matar a un Ruiseñor (1962). Esto en parte gracias a que en el sistema judicial estadounidense se da el máximo poder de decisión al jurado, convirtiendo un juicio esencialmente en una especie de representación dramática con una audiencia cautiva.

Sorkin se sirve de este subgénero para organizar y destacar su relato. Presenta una recolección de eventos, organizados de la forma más contextualizada posible, de forma tal que la audiencia parece estar en un tribunal y ante un espectáculo dramático al mismo tiempo. No es casualidad los paralelos que existen entre lo que sucede en el juzgado con las narraciones de Abbie Hoffman en una presentación de comedia de stand up.

Al final, los espectadores somos el último grupo de audiencia que ha tenido la historia, empezando por el jurado, la prensa y la gente que siguió a los acusados durante el juicio. Como si todo fuera una gran representación teatral.

Una vez establecido que estamos ante una historia que coloca a la audiencia de forma casi literal en medio de una corte judicial, tenemos que hablar de un elenco que se beneficia de este diseño para destacar unánimemente y que aprovecha el guion de Sorkin al máximo.

Es difícil determinar cuáles actuaciones brillan más que otras porque todos los actores encuentran su espacio y su momento para destacar. Tal vez se deba señalar en primer lugar a Yahya Abdul-Mateen II, quien interpreta a Bobby Seale, ofreciendo la actuación más dramática, poderosa y llamativa de la cinta.

Abdul-Mateen II es seguido por Frank Langella en el papel del anacrónico juez Hoffman, quien se encarga de crear un ambiente toxico y perturbado en la corte con cada una de sus determinaciones sin convertirse en una caricatura. Más bien es una muestra clara de las debilidades y vicios del sistema de justicia estadounidense.

En ese sentido, otra actuación más que destacable es la de Mark Rylance como el abogado defensor William Kunstler, atrapado en una marea de trampas e injusticias, presentadas por el mismo sistema bajo cuyas reglas intenta trabajar. En cuanto a Sasha Baron Cohen, Eddie Redmayne y Jeremy Strong, interpretando a algunos de siete acusados, sin duda transmiten la sensación de entusiasmo ante su causa y de descubrimiento de la crueldad de un sistema que los criminaliza por el ejercicio de sus derechos fundamentales.

El juicio de los 7 de Chicago posee un ritmo estupendo, logrado por el manejo de las cámaras y la edición, y ayudado por la partitura de Daniel Pemberton. El dinamismo de Sorkin coloca al espectador en medio de lugares tan disimiles como una corte o el corazón de las protestas.

El tramo final de la película es sin dudas lo mejor logrado de la cinta, con la aparición precisa de Michael Keaton, y los personajes de Redmayne y Cohen tomando el peso dramático del relato. Tal vez las partes más flojas son las que nos alejan de la corte y nos ponen en medio de las disputas de bandos y posicionamientos ideológicos. Los argumentos suenan en ocasiones ligeramente trillados, bajando el ritmo de la película.

El juicio de los 7 de Chicago sirve para reflexionar sobre la manera en que los gobiernos usan y abusan del sistema de justicia. No obstante, más allá de eso, la película habla sobre el nivel de vulnerabilidad al que podemos llegar una vez que, irónicamente, nos planteamos luchar contra injusticias sociales y políticas.

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