El fenómeno llamado The Gilded Age
En 2022, HBO estrenó The Gilded Age, la primera serie del productor Julian Fellowes (Downton Abbey) ubicada en Norteamérica. La historia se desarrolla durante la década de 1880 en Nueva York, Estados Unidos, conocida como la “edad dorada” de la ciudad, periodo histórico con avances tecnológicos y cambios en la estructura social previamente establecida.
Al igual que Downton Abbey, The Gilded Age centra su historia en dramas domésticos, intrigas y preocupaciones de dos grupos diferenciados: personas ricas y sus empleados de servicio doméstico. Sin embargo, la gran diferencia entre ambas series es que, al no tener un sistema monárquico, las estructuras de poder de la alta sociedad estadounidense son maleables al punto de que es la posesión de dinero el factor definitivo de influencia social. Los personajes de esta propuesta se enfrentan a los cambios progresivos y naturales de la sociedad, desde el desarrollo de la tecnología, incluyendo el uso de la electricidad, hasta una convivencia más amplia entre la aristocracia y los llamados “nuevos ricos”, los cuales aparecieron después de hacer su fortuna con la especulación bancaria y las inversiones en los negocios de ferrocarriles.
El sueño americano de Julian Fellowes
Podría parecer extraña la presencia de The Gilded Age en el prime time de HBO, pues estamos hablando de una serie sin contenido explícito, con una trama de melodrama bien intencionado, sin grandes tragedias, o violencia explícita, y con un lenguaje elegantemente elaborado, lejos del estilo de otros proyectos de la cadena como Succession o Game of Thrones. De hecho, la emisión de la primera temporada los días lunes se trasladó a los domingos para la segunda y tercera temporada, un desafío del que la serie ha salido airosa con números de audiencia en aumento gracias a varios elementos. Si bien la serie fue concebida para transmitirse en la cadena de señal abierta norteamericana NBC, pasó a HBO debió a su costo y escala de producción. Este cambio le dio un halo de exclusividad y un nicho de audiencia encandilada con los detalles históricos, así como con los vestuarios, las joyas y los peinados de los personajes.
Otro cambió que resultó curiosamente afortunado fue la contratación de Carrie Coon como Bertha Russell, papel originalmente ideado para Amanda Peet. Puedo afirmar que la actuación de Coon es parte importante del éxito de la serie, convirtiendo a la señora Russell en alguien tan admirado como temido y muy difícil de juzgar en las líneas del bien y el mal, además de que Coon le hace frente sin temor a icónicas actrices como Dona Murphy o Christine Baranski.
Asimismo, como en la mayoría de los fenómenos televisivos actuales, las redes sociales jugaron un papel importante en la exposición de la serie a distintas audiencias: los jóvenes, adultos y la comunidad LGBTIQ+ reaccionaron positivamente a la serie (tal y como reconoció la propia Coon: “los gays fueron quienes consiguieron la renovación de la tercera temporada”). Sobre esto, cabe señalar que, además de una audiencia fiel al trabajo previo de Fellowes en Downton Abbey, se unió un grupo más amplio y joven que interactúa en redes sociales con ediciones de clips con escenas de la serie y música pegajosa o acuñando términos como “railroad daddy” para referirse al personaje de Morgan Spector o “clock twink” para el joven lacayo convertido en inventor Jack Trotter (Ben Ahlers), añadiendo el lenguaje y las referencias que le otorgan a la serie un lugar en la cultura popular televisiva .
Por último, la presencia de actores respetados y queridos en el teatro y el cine independiente (incluyendo Phylicia Rashad, Audra McDonald, Jeanne Tripplehorn, Nathan Lane o Bill Camp), le otorga un factor de sensibilidad única a tramas que podrían verse superfluas en otras manos, como las invitaciones a un baile o las disputas entre vecinos.
La tercera temporada: el cambio del que ya no hay vuelta atrás
Desde la emisión de su primer episodio, la tercera temporada marcó hitos de audiencia semanales, los cuales fueron aumentando conforme pasaron las semanas. El éxito de esta temporada no solo se refleja en los números de audiencia, sino también en la evolución en las tramas que la serie ha tratado con consistencia desde el principio.
El mejor ejemplo de ello son las ambiciones de Bertha Russell (Coon), esposa del empresario George Russell (Morgan Spector), un “barón ladrón” que cuenta con los medios para que su esposa lleve a cabo sus planes de introducirse en la alta sociedad de Nueva York, cerrada para los «nuevos ricos» como ellos. El sueño de Bertha va más allá de colocar a su familia –y a sí misma– en el centro de la sociedad neoyorquina, y más bien en procurar un futuro deslumbrante para sus dos hijos: Larry (Harry Richardson) y Gladys (Taissa Farmiga). En la tercera temporada llegamos a la culminación de esa meta, propiciando el matrimonio de Gladys con el duque de Buckingham, como era costumbre de la época, cuando británicos de la nobleza unían su nombre y prestigio con el dinero que los empresarios estadounidenses poseían.
Lejos de ser únicamente un evento glamouroso y festivo, la boda representa el punto álgido para los Russell, con George cuestionando los métodos de su esposa para conseguir lo que quiere, a expensas de los deseos de su hija. Aquí se revela una capa de complejidad en la serie, cuyos mayores dramas fueron en algún punto ver a la señora Van Rhijn cruzando la calle para descubrir a su mayordomo trabajando por un día en la casa de los Russell.
Otra trama llamativa por su profundidad y por las actuaciones es la de las hermanas Agnes Van Rhijn (Christine Baranski) y Ada Forte (Cynthia Nixon). Al inicio de la serie, Ada era una «solterona» viviendo en la casa Van Rhijin dependiente de la fortuna que había heredado Agnes de su esposo, mientras que en la segunda temporada ocurrió un giro inesperado cuando Ada se enamoró, se casó y quedó viuda del reverendo Forte (Robert Sean Leonard), quien resultó tener una gran fortuna que heredó a Ada y que salvó a la familia. Así, en la tercera temporada, la posición de poder se intercambia entre las hermanas y las personalidades de ambas chocan más de una vez.
No obstante, la historia más fascinante de la serie es la que involucra a Peggy Scott (Denée Benton), una joven que entra a la vida de la familia Van Rhijn, prestándole asistencia a Marian en su viaje a Nueva York, donde luego se convierte en secretaria de Agnes. Peggy es una joven afroamericana educada y determinada, con anhelos de convertirse en escritora, lo que la lleva a arriesgar su vida cubriendo noticias en el sur de Estados Unidos. Esta historia, no exenta del melodrama característico de la serie, nos introduce a la élite afroamericana de sus tiempo, la cual tenía sus propias instituciones, tradiciones y conflictos, y cuya mayor herramienta de progreso representaba la educación. Esta historia le da a la serie una perspectiva diferente y ofrece al espectador una oportunidad para conocer lados poco visibilizados de la Historia que se acercan más a la realidad que el estilo de blind casting que usan otras series, Bridgerton por ejemplo.
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Con tramas consistentes que ofrecen una continuidad de elementos y que muestran matices para el lucimiento de los actores del extenso elenco, un estilo elegante y definido al que la producción ha sido fiel, y un toque de humor que nunca pasa desapercibido, la serie ha conservado a los fanáticos que estuvimos desde el inicio y los ha ido acrecentando. Con gran mérito, HBO la dejó crecer y entendió el fenómeno de su popularidad, el cual empezó en redes sociales, apoyándolo y alimentándolo con contenido, pero también dándole un lugar preferencial con eventos, promociones publicitarias y el estreno de la tercera temporada en el Festival de Tribeca 2025.
El caso de The Gilded Age es una gran lección de que no todos los éxitos televisivos son idénticos, ni ocurren en el mismo ritmo. En su inicio, la serie encontró una audiencia tal vez no deslumbrante, pero la mantuvo cautiva, ofreciendo consistencia en lugar de hacer cambios desesperados. Esto ha significado un crecimiento orgánico de su público mediante el boca a boca, el uso de las redes sociales y la falta de dramas adultos de un perfil similar.
En noviembre estrenará su cuarta temporada ante la expectativa de una creciente audiencia que espera encontrar el fastuoso mundo de Nueva York de la edad dorada como trasfondo de los dramas familiares de los Russell, y las ambiciones personales y románticas de Marian y Peggy. Sin importar la era en la que estemos, Julian Fellowes entiende que una buena historia siempre encontrará su audiencia.

Lourdes Yactayo es una abogada y escritora peruana. Creció leyendo noticias y libros de fantasía. Su amor por el cine y las películas se forjó desde niña por la apasionante descripción de su madre acerca de sus visitas juveniles al cine para ver Lawrence de Arabia, Zorba el Griego, además de otros clásicos.
Motivada principalmente por la literatura de J.R.R Tolkien, empezó a escribir, desde adolescente, editoriales sobre literatura y luego, artículos sobre Derecho.
Entusiasta de la Historia, las películas bélicas y las referencias literarias en cualquier película o serie de televisión. Disfruta ver películas con sus sobrinos y volver a leer Matar a un Ruiseñor de Harper Lee, cada vez que tiene oportunidad. Considera que su mayor logro personal en Internet es la creación de un hilo sobre la serie Succession y las películas nominadas al Óscar 2020.


