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El faro, de Robert Eggers: la tragedia de un Prometeo encadenado

Escrito el 3 agosto, 2022 @ECinematografo

Esta pieza es parte de una retrospectiva especial del trabajo de Robert Eggers con motivo del estreno de El hombre del norte.

Esta reseña contiene spoilers.
Robert Pattinson y Willem Dafoe en El faro. Dir. Robert Eggers. A24. 2019.

De las tres películas escritas y dirigidas por Robert Eggers, El faro (The Lighthouse) es la más complicada de abordar. En esta, Ephrain (Robert Pattinson) y Thomas (Willem Dafoe), dos vigilantes de un faro localizado en una isla remota en la Nueva Inglaterra del siglo XIX, son responsables de mantener iluminado el océano ante la más profunda oscuridad y así permitir que los marineros regresen a casa. Su misión, aunque parece poética, es en realidad una competencia terrible: aquel que posee la linterna del faro controla al otro.

Léase El faro: un thriller inquietante y completamente demente

 

Una referencia a la mitología griega

El faro no es sencilla. Su ritmo es meditabundo y su sentido del terror recompensa pocas veces. No obstante, para aquel cinéfilo curioso por la mitología, la película está llena de símbolos y misterios que se mantienen vivos aun cuando la película termina, así como referencias a películas como El resplandor (Stanley Kubrick, 1980), pues lo paranormal consiste en fantasmas y sirenas que, como audiencia, esperamos que sean explicados por el alcoholismo, el aislamiento y la rivalidad que comparten sus protagonistas.

La historia está inspirada en el mito de Prometeo, un titán que desafió a los dioses del Olimpo para compartir el fuego con los humanos para que pudieran calentar su comida y abrigarse. Como castigo por su crimen, fue condenado a ser torturado eternamente. En la película, Thomas obliga a Ephrain a realizar tareas humillantes pese al riesgo de su salud. Su integridad física y psicológica se arruinan mientras anhela recibir un mejor trato por su compañero, quien le impide cuidar personalmente la linterna como si en ella existiera un conocimiento mayor.

La linterna es el fuego que es inalcanzable para Ephrain y una mentira creada para mantenerlo por debajo del viejo Thomas, quien se desnuda en las noches frente a la luz, haciendo que el joven se imagine las razones de su encanto. El faro es lo único que mantiene al uno sobre el otro, siendo un privilegio que Ephrain no puede alcanzar, no porque su edad se lo impida, sino porque su superior no lo comparte.

 

La división del trabajo

Robert Pattinson en El faro. Dir. Robert Eggers. A24. 2019.

Este escenario también funciona como un comentario sobre la división del trabajo. Los jefes de Ephrain y Thomas no aparecen en la cinta, pero sí se benefician de su trabajo mientras promueven inconscientemente una jerarquía en la que un superior explota al otro y se rehúsa a ser justo. Thomas utiliza su estatus como el más antiguo en el puesto como excusa para trabajar menos que el otro, encontrando maneras para huir de sus súplicas.

Estos jefes, capaces de la omnipotencia de los dioses que tanto menciona Thomas, jamás alivian la carga de Ephrain. Su ausencia contribuye a su tortura. Esto contrasta con una tragedia que sucedió en Gales en 1801 que es parte de la base histórica de la cinta. Dos vigilantes de un faro atravesaron circunstancias similares a las presentadas en la película. Después de que uno muriera en un accidente y el otro fuera encontrado emocionalmente traumatizado e irreconocible, el gobierno inglés cambió las reglas del cuidado de faros, de manera que se dividieran las tareas entre tres personas. No obstante, El faro jamás llega al punto en el que se reconocen los derechos laborales de sus personajes o los errores cometidos en su trato.

 

Los animales en el cine de Eggers

Otro aspecto fascinante en El faro es el modo en que Eggers introduce mitología a través de la psicosis que desarrolla Ephrain y las supersticiones planteadas por Thomas. Así como en La bruja (2015) y El hombre del norte (2021), el director utiliza animales como advertencia divina para los humanos desesperados.

Léase La bruja, de Robert Eggers: El sabor de la mantequilla

Ephrain es acosado por una gaviota sin un ojo. Pese a sus ganas de asesinarla, Thomas le advierte que no lo haga, pues estas aves cargan las almas de aquellos que mueren en el mar. En una escena crucial, el significado de este animal parece manifestarse como prueba a la voluntad del joven. Cuando él encuentra otra gaviota viva, pero sumergida en un pozo séptico, la gaviota tuerta lo presiona de nuevo. Esto se constituye en un dilema que refleja la relación que comparte con Thomas: puede aniquilar a su enemigo o sentir solidaridad y ayudarle a salir de un apuro.

Asimismo, tal como se mencionó previamente, la técnica narrativa de Eggers parte de influencias de películas como El resplandor. De hecho, su trama es similar a aquella en la que un hombre, encerrado en un hotel sin posibilidad de escapar, empieza a tener alucinaciones y contempla acabar con aquellos con quienes comparte techo. Ephrain, agotado, empieza a tener pesadillas y experiencias surrealistas. Su apetito sexual se manifiesta con encuentros con sirenas y su paranoia alrededor de su compañero viene acompañada de descubrimientos tétricos de los cadáveres de otros vigilantes que perecieron ante el egoísmo de Thomas, quien también se manifiesta como una criatura marina.

 

La cinematografía de El faro

Willem Dafoe en El faro. Dir. Robert Eggers. A24. 2019.

La cinematografía de Jarin Blaschke se hace notar. La película está filmada en blanco y negro, con imágenes presentadas en una proporción cuadrada que aumenta la sensación de claustrofobia y tensión sexual, obligando a los personajes a convivir en distancias mínimas. Filmada en 35 mm, cada cuadro posee una textura que, sumada a la composición cuidadosa, se asemeja a la fotografía fija del siglo XIX. El contraste en la imagen permite producir sombras inmensas sin perder de vista el detalle de la suciedad y el deterioro de la escenografía, así como el sudor y la mugre en la frente de los hombres.

Léase El hombre del norte: la venganza es un platillo escandinavo

Finalmente, son las interpretaciones de Robert Pattinson y Willem Dafoe las que convencen de los horrores evidenciados. Pattinson demuestra seriedad, así como un rostro implacable que progresivamente cede al agotamiento. Su postura de orgullo se pierde ante una de vulnerabilidad y violencia, particularmente en escenas en las que Ephrain se emborracha con Thomas, revelando fragmentos preocupantes de su pasado. Dafoe, por su parte, supera la villanía que demostró como el Duende Verde en las películas de Spider-Man, convirtiéndose en un anciano hostil que puede transformarse en una bestia mitológica y un mensajero capaz de maldecir a Ephrain con voz imponente.

***

El faro es una película que se resiste a un análisis objetivo. Cualquiera de las interpretaciones que inspire es testamento de la habilidad de Robert Eggers para explotar la ambigüedad y hacer de su terror un tema de conversación. Lo que destaca es una relación de poder desigual que no tiene rumbo. Dos hombres enfrascados en una batalla inhumana sin propósito. Una búsqueda por una luz que alivie su existencia tras semanas de abuso y que solo acaba con un castigo grave para aquél que gane sobre el otro.

 

Lecturas adicionales:

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