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Dawn of the Planet of the Apes: los errores de un líder ingenuo

Escrito el 8 mayo, 2024 @ECinematografo
Esta reseña contiene spoilers de Dawn of the Planet of the Apes.
Dawn of the Planet of the Apes. Dir. Matt Reeves. 20th Century Studios. 2014.

Desde los cuentos de hadas hasta las historias de ciencia ficción más elaboradas es frecuente encontrar animales parlantes representando varios aspectos de la experiencia humana. Un ejemplo del antropomorfismo en el cine es Caesar (Andy Serkis), el primer soberano de una sociedad de simios inteligentes y protagonista de Dawn of the Planet of the Apes. Caesar es un ejemplo de liderazgo para la audiencia humana al creer en la equidad y proveer a su especie con normas para evitar la violencia. No obstante, sus errores también se reflejan en nosotros como advertencias para nuestra vida en comunidad.

El primer tratamiento de Dawn, escrito por Rick Jaffa y Amanda Silver, tenía a los simios de Caesar como seres sintientes coherentes, capaces de negociar su posición con los seres humanos con facilidad. El director Matt Reeves se negó a seguir este concepto al pie de la letra. Para él, el aspecto más fuerte en Rise of the Planet of the Apes, la primera entrega de la trilogía, era lo primerizos que eran los simios en su intención de crear un Estado y emanciparse de los humanos. Empezar la secuela con estos animales antropomorfos en una posición de poder privaría al público de atestiguar los obstáculos que vivirían en su intención de ser autosuficientes.

Léase: Rise of the Planet of the Apes: las posibilidades del intelecto

Con un guion reescrito por Mark Bomback, esta secuela muestra a Caesar enfrentando un desafío emocional gigante. En los eventos de Rise, Caesar renunció al hecho de que fue criado por humanos para entregarse a vivir en comunidad con los otros simios. En Dawn, Caesar está convencido de que cada miembro de su especie es sabio e incapaz de herir sus objetivos colectivos con egoísmo y violencia. El Caesar de Reeves y Bomback es ingenuo aun si demuestra grandeza con su físico y capacidad para la diplomacia. Es por eso que aquí los cineastas exploran las consecuencias más graves de un liderazgo centrado en un solo individuo.

Reeves tiene un enfoque de dirección que se nota desde su primer plano: Caesar en el centro de su sociedad decidiendo cada movimiento durante una jornada de cacería. Dawn nos sumerge en una comunidad que educa a cada miembro en la doctrina de “Simio no mata simio“, prohibiendo toda expresión de heteroagresividad. Esta fraternidad doma incluso a Koba (Toby Kebbell), un simio individualista que fue maltratado por los humanos y que ahora se sienta junto a Caesar en calidad de consejero y amigo. En 20 gloriosos minutos, olvidamos que estamos viendo criaturas generadas por computadora y nos entregamos a una comunidad autosuficiente que se comunica a través de lenguaje de señas y que, según Caesar, no demuestra ninguno de los errores de una especie que consideran extinta.

Luego de una pandemia absolutamente letal solo quedan unas cuantas colonias de humanos. El compositor Michael Giacchino introduce la sombra y debilidad aparente de la raza humana en el prólogo de la cinta. No obstante, esta melodía también funciona como el tema de Caesar como recordatorio de una grandeza que coexiste con la posibilidad de su fracaso. La anterior especie dominante y la especie destinada a dominar comparten las mismas luchas e incertidumbres a través de la música.

El clímax de Dawn empieza cuando los simios enfrentan su primera crisis diplomática con sus adversarios humanos y dentro de la comunidad. Caesar quiere apoyar la causa de regresar la electricidad humana, argumentando que esto podría evitar un conflicto que perderían los simios al no poseer armas de fuego. Al contrario, Koba aborrece la idea de apoyar una especie que podría matarlos en cualquier momento. Reeves y Bomback enriquecen la caracterización de sus personajes simios haciéndolos tercos en una batalla de opiniones que culmina en la creación de sus primeros partidos políticos. Caesar falla en entender la manera en que el trauma de Koba contribuye a su posición y Koba no entiende cómo su pasado lo ha convertido en un individuo que ignora el valor de la vida de seres humanos que no lo han herido personalmente.

Dawn of the Planet of the Apes. Dir. Matt Reeves. 20th Century Studios. 2014.

Por su parte, los humanos liderados por Dreyfuss (Gary Oldman) y Malcolm (Jason Clarke) temen a los simios, especialmente porque han crecido con la idea de que son los responsables de la pandemia. Como tienen poderío bélico, los humanos se fortalecen con armas y municiones, incluso si quieren negociar con los primates. Koba es testigo de los recursos al alcance de los humanos y al regresar a su aldea a informar a Caesar se da cuenta de que este está colaborando con los humanos unilateralmente. Al protestar apasionadamente, Caesar lo humilla públicamente, acercándose incluso a matarlo. Aquí, Dawn revela el vacío en la tiranía de Caesar: una jerarquía de poder centrada en el culto a sus decisiones y no en el voto popular, presta a contradecir su mayor regla por conveniencia.

Dawn explora cómo la autoridad de un líder puede verse plagada por su ingenuidad. Aún con intenciones pacifistas, Caesar impone su voluntad hasta que Koba deja de creer en el axioma de “Simio no mata simio”. En una escena crucial, el director de fotografía Michael Seresin reemplaza los azules y verdes fríos del régimen de Caesar con un naranja incendiario que brilla en medio de la oscuridad cuando Koba se autoproclama líder de los simios e inicia un ataque en contra de la colonia humana que deja varios muertos en ambos bandos. Reeves y Bomback liberan una tonelada de violencia emocional y física.

Rise nos maravilló con una historia de revolución. Dawn decepciona la fe que depositamos en esta nueva especie. Bajo Koba, los simios son criminales de guerra. Todo un pueblo confiado en la deliberación de un solo sujeto termina siguiendo la voluntad de un nuevo tirano. Por su parte, Caesar acepta con tristeza que su sociedad no es una anomalía de solidaridad y fraternidad, sino una plagada de la misma oscuridad que llevó a la humanidad a extinguirse. El reto final que los cineastas colocan en este protagonista es reconquistar su soberanía a través de la violencia. Caesar necesita traicionar sus principios y derrotar a Koba para recuperar su credibilidad como líder y prevenir el fin de su especie. Así, Caesar tiene que restaurar la misma jerarquía social fracasada al no conocer otra alternativa.

***

Dawn of the Planet of the Apes es una de las secuelas más estimulantes de la última década. Su éxito no depende de los derroteros puestos por la historia de su predecesora, sino de la tragedia escrita exclusivamente para esta película: aquella de un líder que fracasa y cae consciente de lo catastrófico que puede ser su poder y su responsabilidad en la creación de escisiones irreversibles dentro de su comunidad. El heroísmo de Caesar en Rise se opaca por su tiranía en Dawn, aspecto que debe ser rehabilitado en la tercera parte de la trilogía, War of the Planet of the Apes.

 

El viaje de Caesar termina en War of the Planet of the Apes.

 

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