Bull: una pareja singular lidera una de las mejores películas del año

Escrito el 8 octubre, 2020 @Kenny_DiazPR

Disponible en: video por demanda (iTunes, Google Play Movies, Amazon Video, Hulu).

Directora: Annie Silverstein

País: Estados Unidos.

Elenco: Rob Morgan, Amber Havard, Yolanda Ross, Keira Bennett, Keeli Wheeler, Sara Allbright.

Palomómetro:

Más información de la película: https://www.imdb.com/title/tt10008784/

La crisis mundial del COVID-19 ha causado grandes cambios en el calendario de estrenos de cine. West Side Story, No Time to Die y Dune son solo algunos de los grandes títulos que veremos hasta el próximo año. En este escenario desolador, hay quienes se preguntan para qué se celebrarán los premios Óscar si no hay películas para premiar.

Lo cierto es que hay buenas películas que se han estrenado directamente en video por demanda. Algunas quizá no cumplan ciertas expectativas en el apartado técnico y visual, pero tienen otros atributos dignos de reconocimiento. Ésta es la oportunidad perfecta para reconocer voces emergentes del cine independiente, por lo que debemos comenzar por generar conversación sobre las mismas.

Annie Silverstein es una de esas voces prometedoras e interesantes. Bull, su primer largometraje narrativo, coescrito con su esposo Johnny McAllister, se estrenó el año pasado en la sección Un Certain Regard del Festival de Cine de Cannes. También se presentó con éxito en el Festival de Cine de Deauville, llevándose tres premios.

La película estaba programada para estrenarse en cines de Estados Unidos vía Samuel Goldwyn Films en marzo pasado, pero a causa del COVID-19 debutó en plataformas digitales.

Bull es la historia de dos personajes muy singulares. Por un lado, está Abe (Rob Morgan), un ex jinete de toros con problemas de alcoholismo, depresión y conductas autodestructivas. Por otro lado, está Kris (Amber Havard), una adolescente de 14 años con serios problemas familiares que debe encontrar formas de sobrevivir a la pobreza junto a su hermana menor, mientras su madre está en prisión y su abuela gravemente enferma.

Estos dos personajes se cruzan en una hermosa historia sobre la vida en los márgenes de la pobreza con el mundo del black rodeo de Texas como elemento narrativo.

Abe sigue vinculado al mundo del rodeo como torero a pie de pista. Su trabajo consiste en distraer al toro una vez que tira al jinete para evitar que lo pisoteé y finalmente volverlo a encerrar. Por supuesto que el trabajo es igual o más peligroso que montar al toro. De hecho, Abe sigue confrontando problemas de salud a causa de las heridas recibidas en el rodeo. “¿Qué voy a hacer contigo?”, le pregunta con frustración el doctor.

En una de esas noches de trabajo de Abe, Kris irrumpe en su casa e invita a unos amigos para celebrar una fiesta. Cuando Abe regresa, retiene a Kris y llama a la policía. Como acuerdo entre Abe y la abuela de Kris, la joven simplemente debe limpiar la casa que ella y sus amigos dejaron patas arriba.

Así comienza la singular relación entre Abe y Kris. En un principio, Abe desconfía de la chica y la trata con dureza. Sin embargo, ésta parece ser la personalidad de Abe: es un hombre rudo, poco afectuoso, e intimidante. Se necesitaba a un actor con la imponente y estoica presencia de Rob Morgan para interpretar a este personaje. Morgan, a quien vimos recientemente en Just Mercy (2019), en donde interpreta a un veterano de guerra traumado y sentenciado a muerte, tiene aquí por un fin un rol protagónico con el que brilla y se posiciona como una de las mejores actuaciones del año.

Es gracias a Abe que Kris comienza a conocer el mundo del rodeo. La joven lo acompaña a los eventos y pronto comienza a interesarse por este deporte, incluso llega a proponerse el convertirse en jinete. Además, también tiene la oportunidad de interactuar con otros chicos. El rodeo se presenta como su forma de escape a los problemas del hogar y de conexión con otras personas.

Amber Havard es una de las revelaciones actorales del año. Aquí no parece tener la presencia magnética o los dotes histriónicos de otras actrices principiantes de su edad, pero le da un aire fresco y natural a su personaje como una chica observadora y perspicaz que puede fácilmente recodarte a una compañera de clase o a una vecina. Se trata de una actuación que se siente extrañamente cercana y familiar.

No llegamos a conocer mucho sobre el pasado de Abe, solo aprendemos que es un hombre herido y que el rodeo es su pasión. No se trata solamente de la adrenalina que pueda producir el estar al filo de la muerte mientras intenta dominar al toro, sino que el toro se presenta como algo simbólico.

Hay una maravillosa escena en la que Abe tiene una visión en la que se ve frente a un toro acostado, mientras ambos se observan fijamente. El toro puede representar a la ferocidad de la vida misma, a la que nos enfrentamos constantemente en situaciones difíciles. El punto es aprender a domar la vida. ¿Está Abe domando la vida o simplemente anda de aquí para allá sin saber exactamente qué hacer?

El caso de Kris, sin embargo, se trata de una adolescente en busca de identidad y conexión. Con base en un sentido del “yo” tiernamente emergente en la línea de Precious (2009), Bull funciona como una historia de maduración que escapa del cliché y encuentra su propia voz.

La relación entre ambos personajes se convierte en algo extrañamente tierno. No hay momentos de gran simpatía o afectividad entre ambos, pero pronto se acostumbran a pasar tiempo juntos. Es como si se necesitaran mutuamente. La última vez que vi una relación similar fue en Passion Fish (1992), en la que May-Alice (Mary McDonnell) y Chantelle (Alfre Woodard), a pesar de ser muy diferentes, atraviesan juntas un viaje de emociones.

Tal y como lo hizo en su momento John Sayles (director de Passion Fish), Silverstein hilvana el mundo y conflictos de ambos personajes sin sobreponer la visión de uno sobre el otro. Su dirección es la de un testigo, la de alguien que observa detenidamente, pero no interviene ni toma partido, muy al estilo documental. Su mirada es sensible y humana, reflejando su profesión de trabajadora social. Aquí hay un entendimiento de las historias ajenas, pues Silvestein no se apropia del black rodeo para construir un relato personal.

Bull no cuenta con la proeza visual que tiene The Rider (2017) o el poderío dramático presente en The Mustang (2019), pero es una obra auténtica anclada en una singular pareja protagónica. Esto la convierte en una de las mejores películas del año.

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