Bond, tantas veces Bond: cómo es que la saga del agente secreto se ha mantenido vigente con el inexorable paso del tiempo

Escrito el 15 octubre, 2021 @la_loulu

El siglo XXI ha sido la época más prolífica de blockbusters y sagas cinematográficas, pero mucho antes de que estas se convirtieran en las minas de oro de los estudios, James Bond ya estaba acostumbrado a tomar por asalto las carteleras de los cines mundiales con elegancia, misterio y, por qué no decirlo, un ego colosal. El actual éxito en taquilla de No Time to Die (Cary Fukanaga,2021), la más reciente cinta del agente secreto al servicio de su Majestad, nos lleva a revisar los orígenes de la saga y su lugar en el mundo del cine.

James Bond. MGM, Eon Productions.

El agente 007 invade la pantalla

Creado por el británico Ian Fleming, la primera aparición de James Bond ocurrió en la novela Casino Royale en 1953. Bond fue llevado por primera vez al cine en 1962 con la película Dr. No (Terence Young) en un mundo políticamente cambiante y en medio de la Guerra Fría de la que el espía ficticio se volvió un símbolo popular. Traído a la vida por Sean Connery, Bond se convirtió rápidamente en un ícono tanto dentro como fuera de la pantalla.

Hasta ese momento, el espionaje, la violencia de la guerra y los entretelones políticos de las potencias mundiales eran vistos con cierta distancia por Hollywood, romantizando la tragedia y el drama que los rodeaban. Entonces, James Bond apareció como un hombre atractivo y tentador, elegante y glamuroso, sin interés en mostrar sus traumas o heridas de guerra, y más bien tendiendo a celebrarse a sí mismo constantemente – es quizá el único espía que anuncia su nombre en cada habitación a la que entra.

Su figura redefinió la imagen de los espías y el cine de acción de la época. No bastaría un conflicto dramático, o la lucha entre el bien y el mal, también sería necesario un héroe carismático y seguro de sí mismo.

Sean Connery
Sean Connery como James Bond. MGM, Eon Productions.

La saga de Bond fue pionera en la práctica del recast o el reemplazo de los actores. Una vez que Connery se despidió del personaje – por primera vez, al menos – la casa productora EON y la familia Broccoli se vieron ante el reto de buscar un nuevo Bond.

Si bien después de ser remplazado por George Lazenby en On Her Majesty’s Secret Service (Peter R. Hunt,1969), Connery regresó para Diamonds are Forever (Guy Hamilton, 1971). Sin embargo, sería Roger Moore quien se convertiría en su remplazo definitivo y en uno de los 007 favoritos de la audiencia, tomando la posta a partir de Live and Let Die (Hamilton, 1973).

El éxito de esta empresa se volvió parte del imaginario popular, nombrando a algún actor de moda como “el nuevo o el próximo Bond”. Entre los otros actores que han interpretado al agente 007 están Timothy Dalton y Pierce Brosnan, quienes, como todos sus predecesores, se vieron marcados por el rol con un antes y un después en sus carreras.

El James Bond del siglo XXI

La llegada del siglo XXI trajo nuevas perspectivas al personaje, las cuales iniciaron con la elección de Daniel Craig como remplazo de Pierce Brosnan, uno de los Bond más queridos. Craig, un actor de carácter con la presencia física de un leading man, llegó a aportar una sensibilidad diferente al personaje que ya había pasado a ser una reliquia del cine. La humanización de Bond es su legado.

El fin de la Guerra Fría, los avances tecnológicos y la globalización obligaron a replantear el lugar de Bond como un espía y trabajador gubernamental. Las amenazas cambiaron de experimentos científicos y ojivas nucleares a virus tecnológicos o microbiológicos. James Bond era una “reliquia de la Guerra Fría”, como alguna vez lo llamó la M de Judi Dench, pero supo renovar su relevancia, pues desafortunadamente el mundo todavía necesita ser salvado, y aunque sea de manera ficticia, el 007 es el único que está dispuesto y disponible a hacer el trabajo.

Las cintas de Bond del siglo XXI han traído otra particularidad propia de sus tiempos: la interconexión en sus historias. Las cinco películas que Craig ha protagonizado muestran una continuidad sólida y muchas referencias entre sí, algo que en cintas anteriores no era común ni celebrado. Tal vez el camino estable desde Casino Royale hasta No Time to Die ha facilitado que los espectadores se comprometieran con el Bond de Craig, sintiendo sus victorias y derrotas.

Daniel Craig
Daniel Craig como James Bond. MGM, Eon Productions.

El legado de Daniel Craig como 007

Casino Royale (Martin Campbell, 2006), tomando el nombre de la novela que presentó a Bond, ofreció un nuevo comienzo. Aquí, Bond mostró una personalidad áspera y aguda, así como un cinismo sin filtros que caló en espectadores nuevos y antiguos. Esa imagen de espía pulcro y elegante, totalmente idealizado y casi caricaturesco por momentos, se esfumó a partir de 2006.

Este Bond recibió golpes y acumuló cicatrices. El tipo de violencia mostrada en las cintas a partir de Casino Royale va acorde a las películas de acción del siglo XXI, en vez de ser pensadas en “hacer quedar bien a la estrella”, como era costumbre en el siglo pasado.

Ahora, Bond se dispuso a demostrar sus sentimientos y a actuar guiado por ellos de la forma más profunda y visceral posible. No sabe lidiar con sus emociones o complejos, pero está dispuesto a enfrentar esta realidad sin necesidad de esconderla en medio de parafernalias o banalidades.

Basta con ver la conexión que forjó con Vesper Lynd (Eva Green), algo improbable en algún Bond del siglo XX. Desde el principio, Craig supo no solo caracterizar al personaje que quería interpretar, sino también delinear el mundo a su alrededor (por ejemplo, en la versión original del guion, en la escena de la ducha, Vesper no llevaba más que ropa interior. Fue a sugerencia de Craig que se le mantuvo totalmente vestida porque le parecía lo más natural para una persona en shock).

Daniel Craig_James Bond
Daniel Craig como James Bond. MGM, Eon Productions.

El camino y evolución del personaje permitieron que Craig imprimiera una personalidad propia, no solo al espía, sino a las películas en sí. Desde el primer momento en que salió James Bond en pantalla, se le presentó como todo menos un hombre ordinario. Todo en él y lo que lo rodeaba era extraordinario, bello y grandioso. Por lo tanto, era impensable verlo necesitar a la gente a su alrededor o establecer vínculos reales y significativos más allá de necesidades específicas. El Bond que Craig construyó es heroico porque demuestra su vulnerabilidad, pero, sobre todo, porque se fortalece por sus vínculos con los demás.

Esto es evidente desde su amor traicionado por Vesper y sus deseos de venganza en Casino Royale y Quantum of Solace (Mark Foster, 2008), la admiración y respeto que profesa a M o su habilidad para trabajar con Moneypenny sin cosificarla en Skyfall (Sam Mendes, 2012), o el vínculo de complicidad que maneja con Felix Leiter (Jeffrey Wright). Es imposible ignorar que hace 40 años hubiera sido improbable incluir a los personajes femeninos que vemos en No Time to Die: la agente cubana Paloma (Ana de Armas), la nueva agente 00 (Lashana Lynch) y la misma Madeleine (Léa Seydoux). Cada una con su propia agenda y sin interés de seducir o ser seducida por Bond.

 

Las películas de James Bond son producto y testimonio de su tiempo. A la vez, marcan una forma de hacer el cine de acción, con parafernalia y fuegos artificiales, pero también con un protagonista atractivo que no abandona el narcisismo ni en la mayor crisis mundial. Bond se ha alimentado de los tiempos en los que desarrolla sus historias, y se ha convertido en uno de los productos de entretenimiento más sólidos del cine por más de 50 años. La simple razón por la que ha sobrevivido por tanto tiempo, y ante los cambios sociales, políticos y culturales, es porque ha sabido adaptarse y evolucionar a la par de su audiencia.

James Bond representa la magia del cine en su máximo esplendor, esa que nos lleva a lugares desconocidos pero que, al mismo tiempo, se siente familiar. Después de todo, el agente 007 ha demostrado que puede vivir más de dos veces.

 

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