007 – Casino Royale: apuestas y apariencias

Escrito el 30 julio, 2021 @ECinematografo
Como preparación para el estreno de No Time to Die, estaremos visitando películas de 007.
*Esta reseña contiene spoilers de Casino Royale.
Daniel Craig como James Bond. Casino Royale, Dir. Martin Campbell, 2006. MGM y Columbia Pictures.

En una escena de Casino Royale, la vigésima primera película del icónico espía James Bond, un grupo de personas juega al póker. De repente, una mujer hermosa y elegante atraviesa el espacio del casino para darle un gesto de cariño a su pareja, uno de los jugadores en la mesa. Este hombre es grosero y la envía a esperar en el bar. James Bond (Daniel Craig), agente del MI6 encubierto que está presente en la mesa, aprende diligentemente sobre este gesto. Más adelante y enfrentando el mismo escenario, Bond le sugiere a Vesper Lynd (Eva Green), su compañera de trabajo, que camine hacia él y le dé un beso frente a todos los jugadores. La maniobra es exitosa: la mesa se distrae y sus posibilidades de ganar aumentan.

Daniel Craig es el séptimo actor que ha encarnado al elegante espía británico, interpretando fielmente sus múltiples destrezas, sus vicios y, en particular, su falta de arrepentimiento. Su Bond tiene una silueta física notoria y una fachada de seguridad y profesionalismo calculador que le sirven para atraer, utilizar y derrotar a sus presas. Ya sea compartiendo la cama con mujeres sabiendo que esto podría resultar en sus muertes, o aniquilando toda una embajada en el extranjero para obtener información sobre un terrorista, Bond no tiene escrúpulos y no conoce el error.

Casino Royale presenta a Bond como un agente novato que recientemente recibió su título de 007 y que parece solo querer reflejar efectividad ante sus superiores. Martin Campbell, director de la película, se encarga de mostrar que la confianza de Bond en sí mismo es ilimitada mediante desafiantes secuencias de acción realizadas a la antigua, con dobles de acción puestos en situaciones de riesgo mortal para elevar la caracterización de James Bond como un atleta ágil, imparable e inteligente. Tal desafío de la gravedad permite que como audiencia admiremos la efectividad de Bond, así anticipemos con ansías el inevitable momento de su fracaso.

Daniel Craig como James Bond. Casino Royale, Dir. Martin Campbell, 2006. MGM y Columbia Pictures.

Algo de apreciar de la estructura narrativa de Casino Royale es que reparte los obstáculos que enfrenta el espía a través de tres actos simétricamente repartidos. En la primera hora, Bond se enfrenta a la posibilidad de equilibrar su ego con sus tácticas apasionadas y peligrosas; en la segunda, el espía se desafía a un temible, pero desesperado adversario en una mesa de póker; y en la tercera, Bond colapsa ante la ingenuidad que no sabía que poseía.

Casino Royale abre en un mundo posterior al 11 de septiembre de 2001, en donde un grupo secreto parece beneficiarse del triunfo de los actos terroristas. Cuando estos logran llevarse a cabo, las cuentas bancarias de alguien aumentan exponencialmente. En este contexto, sucede la primera misión del Bond de Daniel Craig, quien es encomendado con la tarea de revelar quién está sacando tales beneficios. Bond arrasa con sus adversarios logrando dar con las pistas necesarias, pero dejando atrás un costo material y humano.

En las Bahamas, Bond rastrea a un asociado del misterioso banquero detrás de los eventos de la cinta, juega al póker con el hombre y seduce a Solange (Caterina Murino), su esposa solitaria, para obtener información sobre él. Aunque Bond aparenta su indiferencia, algo empieza a quebrarse en él durante esta sección del filme. Cuando el 007 frustra un atentado, causando pérdidas millonarias a su enemigo, regresa para encontrar que la mujer que utilizó fue brutalmente ahogada. La cara de Craig no parece atormentada, pero entendemos que Bond sabe que todo lo que toca perece.

Mads Mikkelsen como Le Chiffre. Casino Royale, Dir. Martin Campbell, 2006. MGM y Columbia Pictures.

Siguiendo el rastro a Mónaco, Bond encuentra a Le Chiffre (Mads Mikkelsen), el hombre que había estado buscando y que ahora participa en un torneo de póker riesgoso. Las motivaciones del banquero llegan como sorpresa pues, pese a su intimidante y arquetípica presencia de villano, está desesperado por ganar este juego antes que perder su vida. De este modo, la película se convierte en la confrontación de dos hombres muy inteligentes, uno inspirado por su propio narcisismo y el otro por su deseo de sobrevivir. Los primeros planos de la batalla no verbal entre Bond y Le Chiffre durante partidas de cartas resultan ser un intrigante juego de miradas y engaños, cada uno evitando mostrar vulnerabilidad y duda ante el otro.

Le Chiffre y Bond son similares en muchos aspectos, particularmente en su prepotencia. Si bien Bond trabaja para un servicio secreto que funciona para prevenir y mitigar los daños del terrorismo, el agente 007 es imprudente con la vida de las personas, así como con los recursos económicos y materiales invertidos en su misión. Le Chiffre, alguien que gana más dinero de acuerdo con el número de bajas humanas secundarias de actos terroristas, apostó y perdió dinero que no le pertenecía. Solo se desesperó cuando su propia vida estuvo en riesgo. No obstante, Bond empieza a parecer más humilde a través de sus interacciones con Vesper Lynd, supervisora contable que le acompaña en la misión.

Vesper, sin ejercer violencia física, ataca frecuentemente la imagen patriótica y masculina tan absurda de Bond. Cuando se ve involucrada en las acrobacias mortales de Bond queda traumatizada y paralizada en la ducha de un hotel. Bond responde a esto con empatía. Aquí la película renuncia a cualquier erotismo genérico y presenta a un hombre que no seduce, sino que conforta.

Volviendo al juego de póker, Bond triunfa sobre Le Chiffre, pero subestima la desesperación de su adversario. Bond es secuestrado y torturado por su enemigo. Después de ser rescatado misteriosamente, Bond señala apresuradamente la traición de un compañero y se abriga en la confianza que ha desarrollado por Vesper para tomar la acción más pasional posible: renunciar a su trabajo para viajar por el mundo con ella. Esto es desconcertante, pues un hombre que hasta entonces estaba guiado por su desconfianza, abandona su identidad cuando lo ve conveniente. Tal vez ese pudo haber sido su deseo todo este tiempo: amar y ser amado.

Una mañana, Bond se levanta y siente el mismo desconcierto de las mujeres que utilizó en su vida: Vesper lo ha manipulado. Esta traición derrota al enamorado y restaura su identidad como agente despiadado. En el clímax, Bond pretende ser juez, jurado y verdugo de la mujer que amaba, pese a no dimensionar las razones de su traición. Sin desearlo, Bond condena a Vesper al mismo destino de Solange, aun sabiendo que pese a herirlo, Vesper actuaba para preservar la vida de ambos.

Eva Green como Vesper Lynd. Casino Royale, Dir. Martin Campbell, 2006. MGM y Columbia Pictures.

En Casino Royale, Bond es presentado como un espía diestro incapaz de regular sus pasiones. No obstante, la película muestra cómo una imagen de masculinidad puede demostrar su vulnerabilidad cuando sus secretos se reflejan en sus adversarios durante un juego de póker literal y emocional. Le Chiffre y Vesper Lynd encarnan aspectos muy escondidos de la personalidad de 007. Le Chiffre aparenta ser decidido y despiadado, pero en el fondo sufre por las consecuencias de sus acciones. Vesper, por su parte, por más de que aparente ser el equivalente intelectual de Bond logrando ganar su confianza para traicionarlo, también es una persona que desea huir y ser amada por alguien más.

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